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ElsA
Memorias de mi padre llamado "TAYITO"

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Archivo: Septiembre 2006

29/09/2006 GMT 1

POR UNAS CHIRIMOYAS

mitayito @ 23:52

Los meses de verano, en la sierra son muy tristes y por lo tanto de muchos sacrificios y sufrimientos y sobre todo riesgoso a cada instante, motivado por las lluvias, los truenos y la crecida de los ríos que por falta de puentes puede ser motivo de grandes contratiempos. El vivir en un lugar solitario es muy común en estos lugares. De tu casa miras al cerro de enfrente y ves un humito que sale de algún lugar, miras al otro cerro que está a tu espalda, o, a la derecha o izquierda, siempre veras lo mismo: Familias que como la tuya viven solas, alejadas dos o cuatro kilómetros de distancia una de otra. Era nuestro caso. Ya hemos dicho que nuestro asentamiento humano estaba flanqueado por dos ríos los cuales en la época que estamos tratando, aumentaba su caudal en forma que hacía imposible cruzarlo a pie, en especial el Huangáscar. El Chocos aumentaba por las tardes y ya en la mañana se podía cruzar.

A 100mts. de vaciar sus aguas en el otro río había un vado, lugar explayado y apropiado para el paso de personas que tenían la necesidad de hacerlo. Y éramos nosotros los que más lo usábamos por estar dentro de nuestra ruta para dirigirnos a Sukiaj, un fundito que mis padres habían adquirido de una Comunidad. Estas tierras están situadas a orillas del río Huangáscar que alimentado por el Chocos corría hacia abajo en busca del cauce del río Cañete. También como en las tierras de Pallca había tunales pero en especial chirimoyos. Esta propiedad era como una sucursal y por lo tanto permanecíamos allí solo por temporadas, según las necesidades y después las visitas eran esporádicas.

Y así fue como un día mi hermana Raquel de dieciséis años, por entonces, me dijo que la acompañara a visitar dichos lugares, ordenada por mi padre. Salimos muy temprano, cruzamos el Vado que ya estaba en condiciones de hacerlo y por un sendero sólo para ovejeros; nos dirigimos a echar un vistazo a nuestros terrenos. Mi hermana se ocupó de abrir unas y cerrar otras compuertas del agua según las necesidades.

Al darse cuenta que había cantidad de chirimoya en sazón, recogió un buen número de ellas y cavando un hoyo en la tierra las enterró para que maduraran más rápido. Acto seguido tomamos el camino del retorno, llegando al río Chocos que aún no había aumentado su caudal. Cruzamos sin novedad y llegamos a casa Mi hermana informó a mis padres de todo lo que había visto y hecho. En especial les informó que había dejado un entierro de chirimoyas y que dentro de tres días irían a traerlas para lo que contaba con mi compañía. A los tres días sombrero a la cabeza, poncho al hombro nos dirigimos nuevamente en pos de las ricas chirimoyas.

Una vez en el lugar mi hermana como siempre se ocupo de los cambios de agua a los diversos potreros. En seguida comenzamos a desenterrar las chirimoyas las que aparecieron a nuestras vistas hermosísimas y apetitosas, comimos a nuestro gusto y luego comenzamos a preparar nuestros kipes, uno para ella y otro para mí.

Las horas, se venía la tarde, teníamos mucho que caminar; el río podía entrar y dejarnos sin poder llegar a nuestra casa.

Las noches en la sierra son lúgubres, tétricas, sobre todo en esos parajes; éramos menores y teníamos miedo quedarnos a merced de las carchas o los duendes. Con esos pensamientos metidos en la cabeza, casi corríamos por el monte que no nos dejaba darnos cuenta si el río estaba aumentando. Efectivamente al llegar a la orilla, constatamos con terror que todo era realidad.

Pero, el olor característico del hayco, el ruido infernal que hacían los ríos y otras cosas más, no arredró a mi hermana que sin pensarlo dos veces me quitó el kipe y se lo hecho encima del suyo, tomo un palo apropiado con la mano derecha y con la izquierda me cogió de la mano; con la pollera ajustada a la cintura avanzo decidida hacía las aguas; en plena correntada mis piernitas no pudieron resistir y perdí el piso pero mi hermana no me soltó; siguió cruzando fuerte y valerosa con su carga a la espalda y su hermanito hecho un muñeco, pero gracias a Dios, ya estábamos en la orilla salvos y sanos. Una pequeña falla, o resbaloncito y ya estábamos cayendo al río grande que hambriento nos esperaba.

Ni siquiera pensamos en exprimir nuestras ropas, echamos a caminar como estábamos, buscando la salida hacia los terrenos de cultivo para dirigirnos a nuestro hogar. Pero allí bajaba a la carretera nuestra querida madre, desesperada al darse cuenta que el río aumentaba se dirigía hacía el Vado presintiendo lo peor. Felizmente todo fue un tremendo susto que pudo convertirse en tragedia; lloramos los tres abrazados, deshogamos nuestro espíritu y dimos gracias a Dios por el favor recibido en forma tan patética.

No perdimos las chirimoyas y olvidamos los momentos trágicos dimos fe de ellas con nuestro padre que recién llegaba del campo. Y con nuestros hermanos y Juliana, una buena mujer que por muchos años nos acompañó, y a quién considerábamos como un miembro más de la familia; nuestra madre era su madre y nosotros sus hermanos y como tal nos asistía y cuidaba

27/09/2006 GMT 1

UN PATO BLANCO EN LAS ALTURAS

mitayito @ 22:49

Estábamos acostumbrados a recibir las visitas obligadas de los costeños de Lunahuaná, Pacarán y Zuñiga, se hospedaban obligatoriamente en nuestra casa por no haber otro lugar aparente sobre todo por los pastos para los animales.
Eran bien atendidos y en especial si eran familiares. Y así fue que en una oportunidad llegó una sobrina de mi padre, llamada Maximina, quien le pidió a la tía la acompañara a las alturas, con el fin, de realizar sus transacciones de cambio o sea quesos, papa, etc, por frutas y otros propios de la costa. Puestas de acuerdo realizaron el viaje hasta una estancia llamada Callanca; llegaron bastante tarde y las acémilas estaban sin comer, optando por atarlos en unos arbustos, cerca al lugar donde iban a pernoctar.
Mas tarde, ya de noche, mi madre pensó que podrían soltarse y dañar las sementeras aledañas; se hizo acompañar por la sobrina y se fueron al sitio donde los habían dejado. La sorpresa que se llevaron fue tremenda al no encontrar ningún animal. Echaron a caminar por un sendero pero a pocos pasos éste, se dividía en dos.
Mi madre le dijo a la sobrina; tu te vas por el de arriba, yo por de abajo; el que encuentra algo pasa la voz. Debo dejar constancia que los caminitos estaba en laderas de cerros por los que a medida que avanzaban se iban alejando entre si. Mi madre caminaba lo más rápido que le permitía la clarísima luna, cuando de pronto se movió algo entre un arbusto; de primera intención, creyó que se trataba de un becerro extraviado, por lo que tomó un cascote y lo arrojó al sitio indicado, pero cual no sería su estupor al ver que en vez de un becerro salía un tremendo pato blanco que con las alas extendidas trataba de atacarla.
Esta clase de ave, que no existe por esos lugares, la sorprendió y lo único que atinó fue, quitarse el pañolón con que se abrigaba, para poder defenderse, ya que el ataque era cada vez con más furia. Lucharon por varios minutos hasta que dando muestras de cansancio, bajo las alas y rápidamente desapareció entre los arbustos de donde había salido.
Exhausta por la lucha y el pánico, grito desesperada; ¡Maximina, Maximina!...ven…. Pero la sobrina, al escuchar la voz que parecía salida de otro mundo, no quiso bajar al contrario le contestó: Tía venga que aquí está su compadre Gaspar!...Mi madre al escuchar la voz, se reanimó e hizo un supremo esfuerzo y subió lo más rápido que pudo y alcanzó a la sobrina. Juntas, ya y después de enterarse de lo sucedido regresaron al alojamiento. Al otro día temprano encontraron los animales, felizmente sin ningún problema.
Después de despachar sus asuntos volvieron a Pallca, con la pregunta sin reapuesta: ¿Qué significaba la aparición de ese animal desconocido por esas alturas? y ¿Porqué atacar a una persona en la forma que lo hizo?, dado que los patos no son belicosos. Jamás tuvimos una respuesta satisfactoria…y quedó en el recuerdo.

UNA CABRITA BLANCA - MI OTRA MAMA

mitayito @ 21:56

Mi madre un mujer de contextura delgada, estaba seguramente delicada de salud y no le abastecía la leche para amamantarme, por lo que tenía que ayudarse con la leche de vaca, muy buena debido a que la alimentación del ganado consistía en alfalfa y de la buena.

Conmigo sucedió algo especial, entre el ganado ovino había una hermosa cabrita blanca cuya cría la había perdido y mis padres pensaron que muy bien podría amantarme sustituyendo a mamá. Hicieron la prueba y tanto yo como la cabrita congeniamos y aceptamos la nueva situación, llegando a compenetrarnos de tal manera que ambos nos buscábamos para estar juntos.

El ganado salía al campo al medio día y dejándome bien alimentando la cabrita tenía que salir con la punta, hasta la tarde en que volvían a los corrales. Era muy sugestivo lo que hacía la cabrita, se adelantaba a todos gritando de trecho en trecho llegaba la primera, a la casa y yo que sentía sus validos salía al encuentro. Este, era de los más tierno; madre e hijo se acariciaban y luego lo de siempre a mamar la teta.

Esto sucedía todos los días sin ningún problema. Yo iba creciendo y ya quería seguir a la mamá, lo que por supuesto era impedido por mis padres. Pero sucedió un día que por estar pastando el ganado muy cerca de a la casa la cabrita se acordó del hijo y se vino en su busca, como de costumbre me amamantó y como no había nadie, al retirarse la cabrita yo la seguí.

En esos instantes, llegó mi madre que había salido por unos segundos y al no encontrarme, comenzó la búsqueda por diferentes sitios hasta que faldeando un ladera que terminaba en precipicio, me vio mi madre, que caminaba hacia el abismo; corrió y me cogió en el preciso momento que iba a dar el paso definitivo.

Cuando llegó mi padre fue informado de lo sucedido y sopesando el pro y el contra del caso acordaron sacrificar a la cabrita antes que perder a un hijo. Así termino la historia de la cabrita blanca.

22/09/2006 GMT 1

Capitulo III

mitayito @ 23:05

Capitulo V

mitayito @ 23:03

Estamos editando este capitulo

21/09/2006 GMT 1

Lucha frontal contra los obesos en el Reino Unido

mitayito @ 21:44



En el Reino Unido están decididos a acabar con la gordura exagerada y al mismo tiempo buscar la sensatez alimenticia, para lo cual recientemente se ha nombrado a carolina Flint como la primera ministra del “fitness” de su historia. La flamante ministra acaba de asumir su cargo y muy pronto hará conocer las primeras medidas en pro de la delgadez.

Las proyecciones de las estadísticas indican que en el Reino Unido habrá en el año 2010, doce millones de obesos; por lo que las medidas apuntar a luchar contra la presencia exagerada de la sal, el azúcar y el alcohol en la dieta diaria, así como las barritas de chocolate fritas con mantequilla y bajar el consumo de refrescos azucarados que consumen los adolescente que son los que más consumen en el mundo después de los israelíes.

LA TRAJEDIA DE HACERSE LA VACA

mitayito @ 21:42

Mi hermano mayor Ananías y yo habíamos cumplido nueve y siete años respectivamente, acompañando a nuestros padres en los trabajos y cuidados de las chacras y el hogar. A las cinco de la mañana todo el mundo tenía que levantarse a tomar el desayuno preparado de antemano por nuestra madre querida. A esa hora regresaba papá después de haber recorrido el campo, realizado labores propias del mismo. Acto seguido, cada cual tenía programado la ocupación a que se iba a dedicar.
Esto se repetía un día y otro también. En esta forma íbamos creciendo respirando aires puros, buena alimentación, carne, leche de primera. Pero la preocupación de nuestros padres no era sólo hacernos trabajar sino que también en forma prioritaria buscaron ponernos en la escuela para que fuéramos dando los primeros pasos en nuestra formación cultural. Pero fatalmente por la situación geográfica en que vivíamos, no era fácil el problema.
Huangáscar fue la meta, allí se había afincado un matrimonio que regentaba las escuelas de hombres y mujeres; el Sr. Manuel Gamarra y la Sra. Teofila Cortijo de Gamarra. Ejercieron la docencia por varias, siendo los forjadores de varias generaciones de huangasquinos.
Y allí nos matricularon nuestros padres. Teníamos que salir a las cinco de la mañana para poder llegar a las ocho, hora en que empezaban las clases. Un camino de herradura, que ascendía faldeando los cerros subía hasta llegar al pueblo unas veces a caballo, otras a pie. Por la tarde no era problema, porque apenas salíamos de la escuela, echábamos a correr cuesta abajo. A las 6p.m. ya estábamos anunciando nuestra llegada desde unas alturas sobre nuestra casa.
En esta forma progresando; ya habíamos aprendido a leer y escribir, lo que llenaba de alegría a nuestros padres que se sentían halagados al ver retribuidos sus sacrificios. En esta forma se hacían más fáciles sus proyectos cual era; enseguida Lunahuaná y posteriormente Lima, meta que sobre todo se había trazado mi madre. Ella que se había criado en la capital y que ahora sufría los embates del destino por ser fiel a un amor, soñaba con sus hijos en Lima. Lo que se iba consiguiendo pero que su muerte prematura tras una dolorosa enfermedad, no le permitió disfrutar, ni cumplir sus deseos. Su dicho favorito “Ay Lima, Lima quien no te conoce no te estima”, quedo grabado en el corazón de sus hijos.
Volviendo a nuestro relato, anotaremos que nosotros, los dos hermanos éramos muy puntuales en lo que se refería a la asistencia. Pero como siempre hay un pero. Y aquí también lo hubo, pasamos a narrarlo. Cierto día por no se que motivo salimos tarde de la casa y la hora nos ganaba; mi hermano caminaba con desgano y mirando siempre al cielo, (nuestro reloj) decía; ya es muy tarde, ya no vamos a llegar, y tomó un desvío hacia la Toma; yo lo seguí. Llegamos al sitio por donde teníamos que cruzar la acequia muy cerca de dicha Toma; colocamos los libros en el suelo cruzamos para ponernos a jugar en el bordo. En este plan estábamos, saltando de un lado a otro, cuando de improviso descubrimos que nuestra hermana mayor Raquel, se acercaba seguramente con la intención de aumentar el caudal del agua de la acequia. Verla y echarnos bordo abajo nos llevó un segundo. Nuestra hermana era la tercera autoridad de la casa y a ella respetábamos y queríamos todos los menores. Por eso cuando nos dimos cuenta que habíamos dejado los libros, asomamos sigilosamente nuestras cabecitas para enterarnos que sucedía.
Cual no sería nuestra desesperación al ver que nuestra hermanita se alejaba con los libros bajo el brazo. Nos quedamos helados por el temor de lo que iba a pasar en adelante. Nos miramos aterrorizados y no atinamos a decir una palabra, ni para ir tras ella a rogarle que no nos denunciara y nos devolviera los libros. La suerte estaba echada y teníamos que atenernos a las consecuencias y estas si que serían graves y muy graves. Conocíamos a nuestro padre y sabíamos ya de antemano, lo que iba a suceder. Sería la una de la tarde, el resto del día lo pasamos al bordo de la acequia sin ánimo de jugar, pues nuestra mente estaba centrada en el desenlace de este episodio. En casa ya todos sabían lo que los niñitos habían hecho.
Sería las cinco de la tarde cuando llegamos a la casa, entramos muy despacio, sin hacernos presente a nadie; en igual forma todos nos ignoraban; sudando frío nos refundimos en algún lugar apartado esperando el momento supremo que no llegó. Una voz enérgica dijo: A comer! Tronante la voz me pareció lúgubre y como signo de mal agüero. Saludamos; nadie nos respondió; cenamos y luego nos retiramos buscando, si cabía, un descanso a nuestro sufrimiento, con todo nos quedamos dormidos. Hasta que un fuerte ruido de un grito y un lastimero llanto me hizo saltar de la cama. El cuadro que presencié fue lamentable. Mi pobre hermano se debatía de dolor en el suelo, no sabría decir cuantos riendazas se llevó el pobre negro; llegó mi turno; pantalón abajo y de rodillas. Un solo riendaza en el potito calato y yo ya estaba muerto. Saltó mi madre; Por favor Fermín ya basta! Felizmente mi padre escuchó y allí terminó el jaleo.
Lo que me dolió no recuerdo porque como decía ya estaba muerto. Pero este hecho aparentemente, tan cruel, sentó un antecedente y marcó la pauta para toda mi vida. Sobre todo cuando a los 14 años, cumpliendo los sueños de mi madre, vine a Lima, apartándome de mis padres y sin nadie que me controlara o aconsejara, me hice hombre.
Para mi padre ningún sentimiento de rencor; al contrario siempre que me acordaba de este episodio de mi vida, daba gracias a Dios, porque pensando en él, pude salir adelante, no con fortunas ni riquezas materiales, pero si con un tesoro, que nadie me lo podrá regatear. Cuáles?: mis hijos, a quienes quiero con toda mi alma y por quienes me sacrifiqué con todas las fuerzas de mi ser, sino se pudo más, solo Dios lo sabe.
Como epílogo de este triste recuerdo, terminaré contándoles: Mi madre, ante el problema que se había creado, debido a las distancias que teníamos que recorrer todos los días, optó por ir a Huangáscar. Conversó con la Sra. Teofila de Gamarra, narrándole lo sucedido y le pidió nos diera pensión a lo que accedió gustosa.
De esta manera nos quedábamos estudiando los cinco días y medio en Huangáscar para volver el sábado con nuestros padres y hermanos.

PALLCA

mitayito @ 21:39

En posesión del lugar, eligieron el sitio conveniente para levantar el nuevo hogar, desde donde se pudiera dominar el panorama en toda su amplitud, este de componía de potreros unos a continuación del otro, en laderas bien pronunciadas que para hacerlos hábiles estaban cubiertos de andenes, posiblemente de la época incaica, en una extensión de 5 km. Más o menos.

Al fondo corría el río Huangáscar, y al otro lado el río Chocos, los que se juntaban a unos 2 km. De nuestra vivienda y corrían a una profundidad de unos quinientos metros de la misma.

El fundito tenía agua en abundancia, por lo que sin pérdida de tiempo empezaron los trabajos para darle vida a esos terrenos por algún tiempo abandonados. Se levanto la casa que serviría de vivienda, se habilitaron corrales y potreros, alfalfares en su totalidad.

A los pocos meses, la alegría se hizo presente al verse signos de progreso; los alfalfares comenzaron a reverdecer, algunas vacas y ovejas adquiridas en los pueblos vecinos hacían ruido en los corrales.

Así fueron pasando los meses y los años en hacer productivo el fundito y al mismo tiempo la familia aumentaba; Raquel 28 de Febrero de 1903, Ananías en 1908,Guido el 12 de Junio de 1911, Teodolinda el 12 de Septiembre de 1913 y Serafín el 29 de Julio de 1915.

Mis padres por su dedicación al trabajo fueron admirados y respetados por los vecinos de los pueblos de la región como: Huangáscar, Chocos, Viñac, Apurí, etc. quienes les tenían un gran aprecio. Nosotros, los hijos, desde que ya teníamos uso de razón, ayudamos a nuestros padres en los diferentes quehaceres, ya en la chacra, ya con el ganado o en la casa, pues no faltaba que hacer.

Se puso un cuidado especial en la extracción de la semilla de alfalfa, a lo que se dedicaba la totalidad de los potreros. La planta crecía hasta brotar espigas, secaba, luego la siega; cargar los manojos a la era, el despaje, la trilla, el venteo y por fin el pulido después del cual salía la semilla completamente limpia. Esto, desde el brote de la planta significaba de 8 a 10 meses, por lo tanto la producción era anual y para entonces los interesados venían de diferentes pueblos con sus acémilas a llevársela pagando al contado y con monedas de oro.

Todo el rastrojo, paja, granza, polvillo era aprovechado para la alimentación del ganado al que se dedicó una atención muy especial lo mismo que a los productos, digamos la segunda categoría como los quesos, las frutas que abundan en los mismos potreros como tunas, chirimoyas, higos y que eran productos negociables los primeros en la costa y los segundos en las alturas. Sin mayores contratiempos llegamos al año 1920.

En los próximos capítulos algunas anécdotas sucedidas en ese lapso de tiempo que se va a insertar porque son hechos que en alguna forma dejaron huellas imborrables en la familia.


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