Refranes
“Refranes mentirosos”
Dicen que los refranes contienen una moraleja o enseñanza, pero dice el Tayito que no siempre es así; por lo menos discrepa de algunos. “Detrás de cada gran hombre, hay una gran mujer”. Mentira. A veces hay dos mujeres. A veces no hay nadie. Además, es machismo puro: ¿por qué la mujer tiene que estar detrás y no al lado?.
“Mente sana en cuerpo sano”. Bueno, hay excepciones.
“A mal tiempo, buena cara”. Absurdo. Los músculos de la cara se atrofian tanto con el frío que es imposible sonreir o fingir una sonrisa en una tormenta de nieve.
“A falta de pan, buenas son tortas”. Discutible, las tortas son más caras; debería ser al revés.
“Por la boca muere el pez”. No siempre. Muchos mueren porque se los come un pez más grande. Si se refiere el refrán que mejor es hablar poco o nada, no es cierto. Los políticos hablan mucho y algunos logran el poder. “A palabras necias, oídos sordos”. No me parece, hay que oír las necedades y oírlas bien y recordar al necio que nos las dijo para alejarnos de él y no darle ocasión de volvernos a agredir con sus sandeces. Este refrán parece discriminar a los sordos. Pues, si los sordos leen palabras necias, ¿cómo deberían aplicar este refrán?.
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Meneame
del.icio.us
En mi época -dice el Tayito-, los carnavales se jugaban tres días seguidos, y con el debido respeto sólo participaban los que verdaderamente querían jugar y los que no, se ponían a mirar, como se hace cuando se observa un partido de fútbol.
sueldo fue S/.60.00 para empezar, era irrisorio, pero al fin tenía el trabajo que tanto anhelaba y ya podía mirar con mas confianza al futuro.
de mi padre -cuenta El Tayito-,
Esta clase de ave, que no existe por esos lugares, la sorprendió y mi prima se quedo inmóvil del susto y mi tía lo único que atinó fue, quitarse el pañolón con que se abrigaba, para poder defenderse, ya que el ataque era cada vez con más furia. Lucharon por varios minutos hasta que dando muestras de cansancio, el pato bajo las alas y rápidamente desapareció entre los arbustos de donde había salido.
Estaba casi a medio camino, y entraba a una pampita, cuando diviso en el otro extremo un bultito negro que se venía a mi encuentro y acercándome más reconocí que era una tarántula a la que por esos lugares le llamábamos Paraguay. Con sus tremendas patas avanzaba retadora hacia mí; cuando me sintió muy cerca levantó las patas delanteras apoyándose en las posteriores se elevó todo lo que le dio sus extremidades. Se quedó mirándome con sus ojazos amenazadores. Al ver esto traté de pasar por un costado pero mi imaginación afiebrada me hizo ver correr a la tarántula a cerrarme el paso.
Cierto día por no se que motivo salimos tarde de la casa y la hora nos ganaba; mi hermano caminaba con desgano y mirando siempre al cielo, (nuestro reloj) decía; ya es muy tarde, ya no vamos a llegar, y tomó un desvío hacia el rio; yo lo seguí. Llegamos al sitio por donde teníamos que cruzar el rio;
A medida que avanzaba la sombra se perfilaba como un ser humano, hasta mostrarse ya como una mujer alta vestida de negro y un manto del mismo color que le cubría desde la cabeza hasta los pies, dejando descubierto solo un rostro sumamente blanco.


Muy temprano se preparo El Tayito, para ir de paseo a su tierra querida, Lunahuaná, que es un hermoso valle
practicaban el canotaje, un espectacular deporte de aventura; fue un buen paseo y así llegó el momento de retornar.
Cuando termine mis estudios secundarios, empecé a salir con una chica. Después de varias semanas me presentó a su familia, y así me enteré que su hermano y yo éramos tocayos.





