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ElsA
Memorias de mi padre llamado "TAYITO"

Categoría: CAPITULO XIV

01/12/2006 GMT 5

A empezar de nuevo

mitayito @ 23:15

Capítulo XIV

Desorientado, sin un porvenir seguro, sin haber culminado estudios que me abrieran las puertas del mundo, para poder luchar, llegue a Uchupampa. Solo mi padre me recibió; con lágrimas salida de los mas profundo del alma nos abrazamos comentando todos los acontecimientos que se habían sucedido durante la enfermedad, y después la muerte de mi madre querida. No le gustó mucho cuando supo que no volvería a la congregación Salesiana.
Hacía dos años que había fallecido mi madre después de cuatro de penosa enfermedad, sobrellevada con gran estoicismo. Para una mujer que a pesar de su contextura frágil, tenía un temple y voluntad de acero demostrada durante los años que vivió en la sierra trabajando allá, al lado de su esposo criando a sus hijos y soportando después esa cruel enfermedad.
Criada desde muy tierna en Lima, con una educación que para su época, le hubiese significado otro porvenir mas halagüeño, no tuvo reparos en aceptar el establecerse en Pallca y luchar, como se dice hombro a hombro, para sacar adelante la empresa que se habían propuesto y soportó hasta cuando le fue materialmente imposible seguir adelante.
Todas estas cosas las recordamos con mi padre, y muchas más. Yo me sentía inmensamente afligido y caminaba de un lado a otro en la casa en los huertos, etc. me imaginaba ver a mi madre, con ella soñé todas las noches por mucho tiempo, ya en un sitio ya en otro, como si estuviera viva.
Mis hermanos, Raquel con cuatro hijos, habían abandonado Pallca y se habían establecido en Huangascar, sus estancias Callanca y Maraypata, dedicados a la crianza de ganado según costumbre del lugar. Ananias continuaba en el ejército. Teodolinda había sido internada en el convento del Buen retiro, en cumplimiento de un deseo de mi madre antes de su fallecimiento. Serafín continuaba en la congregación Salesiana.
Después de unos días de descanso, empecé a reconocer a las nuevas amistades, entre los que debo mencionar en forma muy especial a mis primos Enrique y Paulina Sánchez con quienes forjamos una amistad muy sincera; cumpleaños y otras fiestas sociales, siempre estábamos juntos y yo aprendí la nueva vida, empezando po el baile para hacer buena presentación cuando el caso lo requería.
Aprovechando una visita de Don Elodio Reynoso, hermano de Viterbo hice un viaje a Huangascar para visitar a mi hermana, su esposo y conocer a los sobrinitos. Nuevamente a recorrer esos benditos caminos de herradura que tantas veces de día o de noche había transitado, aun muy niño antes de ir a Lima.
Siendo ya muy tarde me hospedé en casa del empleado de la familia Guerrero, que tenía muy cerca de lo que explotaron mis padres. El y su hija Tomasa me atendieron muy bien, recordando que en alguna oportunidad había sido nuestro aparcero.
Al siguiente día, muy temprano continué viaje, llegando a Huangascar a las 10:00a.m. Este se encontraba casi desierto. Sin embargo para mi sorpresa, apareció la señora Teófila de Gamarra, quien como respuesta a mi saludo me pregunto si el Pasaguay no me había asustado en Lima. Departimos largo rato, haciendo recuerdos de otros tiempos y al fin me informó que mi hermana estaba en Maraypata. Allá me dirigí después de despedirme y en un cuarto de hora ya estaba frente a la casa de hermana. De lejos y por la cabalgadura me reconoció y fue a mi encuentro…otra escena dolorosa con tristes recuerdos sobre todo de nuestra madre, un abrazo interminable, un llanto contenido, por tanto tiempo se desbordó de tal forma que, después de tantos años, lo recuerdo como si fuera ayer. La pérdida de nuestra madre, el haberse quedado sola, si cabe la frase, por esos lugares sin un hermano a su lado era bastante motivo para manifestar en esa oportunidad el hondo sufrimiento que la embargaba.
Calmados ya los ánimos, abracé a mi cuñado y sobrinos Abelardo, Leandro, Graciela y Hortensia. Esta última desde que me vio me dio sus bracitos para que la alzara y posteriormente ni de su mamá se acordaba si yo la tenía en mis brazos. Después de cierto tiempo de estar acompañando a mi hermana regresé a Lunahuaná.

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