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Memorias de mi padre llamado "TAYITO"

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Categoría: MEMORIA

01/12/2006 GMT 5

Memorias de mi Padre

mitayito @ 23:30

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A inicio del año 2002, mi padre Guido Yactayo Torres, termino de escribir la primera parte de sus memorias, confiándome la edición e impresión limitada de su obra, la misma que fue publicada en junio del 2002.
En la actualidad mi padre, tiene 95 años, la fortaleza que tenía hasta hace algunos meses que le permitía valerse por si mismo, ha disminuido, postrándolo en su cama, felizmente se esta recuperando, esperamos, que se anime a contarnos la segunda parte de sus memorias.
En este blog, reproduzco fielmente los 19 capítulos de la obra que escribio mi padre Guido, llamado cariñosamente Tayito.

Hasta el momento se han publicado los siguientes capítulos

I.- Mis ancestros
II.- El encuentro de mis padres
III.- Pallca
IV.- La tragedia de hacerse la vaca
V.- Por unas chirimoyas
VI.- El negrito
VII.- El Paraguay
VIII.- Una cabrita blanca – mi otra mamá
IX.- Un pato blanco en las alturas
X.- La viuda
XI.- El Matrimonio de mi hermana Raquel
XII.- El sueño de mi madre
XIII.- Mi Frustrada Vocación Religiosa
XIV.- A Empezar de Nuevo
XV.-La Lucha para Abrirse un Campo en la Vida
XVI.-Hervay Alto: Un Nuevo Destino

También los invitamos a leer nuestras páginas de:

-Anécdotas: relatos contadas por los familiares del Tayo
-Misceláneas: con interesantes mini noticias
-TayoHumor: para disfrutar de la chispa del Tayo
Videos: Con canciones de Navidad

…Esperamos que nos sigan visitando para que continúen con la lectura de los siguientes capítulos:

XVII.- Piñonate
XVIII.- La Última Etapa
XIX.- Un Patriota Uchupampino

-Anécdotas: más relatos de la familia
-TayoHumor: más chistes y cosas interesantes que me conto el Tayo
-Videos: Con los mejores videos ubicados en la red

nino0016.gif....que estamos editando y próximamente serán publicados

La familia, puede colaborar con adécdotas y fotos relacionadas al Tayito; y
para que conserven el buen humor, les cuento lo que me conto el Tayito:

Un médico, un ingeniero y un abogado estaban discutiendo sobre cual de sus profesiones era la más antigua.
-El sexto día Dios le saco una costilla a Adán y con ella creó a Eva –dijo el médico-, así que primero fue cirujano.
-¡Por favor! -repuso el ingeniero. Antes de eso Dios creo el mundo a partir del caos y la confusión, de manera que primero fue ingeniero.
-Muy interesante –tercio el abogado-, pero, ¿Quién creo el caos y la confusión?.smiles89.gif

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Un patriota Uchupampino

mitayito @ 23:23

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Estamos editando el Capítulo XIX
próximamente serán publicados
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La familia, puede colaborar con adécdotas y fotos relacionadas al Tayito; y
para que conserven el buen humor, les cuento lo que me conto el Tayito:

En una ocasión un profesor conto que Cristóbal Colón fue el primer economista de la historia. "Al zarpar", dijo, "no sabía a dónde iba; cuando desembarcó no supo dónde estaba...¡y el viaje lo pagó el gobierno!".smiles89.gif

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La última etapa

mitayito @ 23:21

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Estamos editando el Capítulo XVIII
próximamente serán publicados
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La familia, puede colaborar con adécdotas y fotos relacionadas al Tayito; y
para que conserven el buen humor, les cuento lo que me conto el Tayito:

Pepito, dice la maestra si tengo cinco pájaros sobre una rama y le pego una pedrada a uno de ellos, cuantos me quedan??...

-Ninguno maestra.....

--Por qué ninguno Pepito?....

-ninguno maestra porque los demás se van volando del susto....

--Está mal pepito pero me gusta tu forma de pensar......

Luego viene pepito y le dice a la maestra, ahora yo le voy a hacer una pregunta, si usted ve a dos mujeres comiendo un helado y una de ellas lo esta chupando y la otra lo esta mordiendo, cuál de ellas es la que está casada????....

--Después de pensarlo un poco dice la maestra un poco confundida, supongo que la que lo esta chupando.....

-No maestra, la que tiene el anillo, pero me gusta tu forma de pensar...smiles89.gif

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Piñonate

mitayito @ 23:20

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Estamos editando el Capítulo XVII
próximamente serán publicados
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La familia, puede colaborar con adécdotas y fotos relacionadas al Tayito; y
para que conserven el buen humor, les cuento lo que me conto el Tayito:

Va un gallego cargando sus maletas por la calle y hace parar un taxista,
el gallego le dice: -¿por cuánto me llevas al aeropuerto?
Le contesta el taxista: -30 soles,
-y las maletas? vuelve a preguntar el gallego
-Esas te las llevo grati, responde el taxista
Le dice el galleg: -entonces llévame las maletas, yo me voy caminando!.smiles89.gif

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Herbay Alto: un nuevo destino

mitayito @ 23:19

CAPITULO XVI

Con mucha suerte, supe de una vacante en la Escuela de l Hacienda Hervía Alto. Esta, como Hervía Bajo y Palo pertenecían a los señores Gerbollini. Me presente en la oficina de Lima y fui aceptado, haciéndome cargo el primero de marzo con la apertura de la matricula.
Como dije anteriormente, yo no tenía título de maestro pero durante los cuatro años que estuve en Cerro Alegre, en dos ocasiones al llamado del Ministerio de Educación, asistí a dos exámenes, previa preparación en una Academia particular abierta ex profeso para maestros. Con gran suerte, aprobé en las dos oportunidades, obteniendo los certificados de Suficiencia y Eficiencia Magisterial expedidos por el Ministerio de Educación. En esta escuela trabaje tres años (noviembre del 41). Una vacante en la hacienda Palo para cajero Apuntador, en la que me duplicaría el sueldo me hizo abandonar la Escuela en manos de mi hermana Teodolinda que concluyó el año escolar. Esto le sirvió para abrirse un lugar en el Magisterio porque aprovecho los cursos vacacionales que recién se implementaban para culminar sus estudios, obteniendo su título de normalista con lo que trabajó hasta su jubilación.

Los dos primeros años 39 y 40, asistió a la escuela, una jovencita que hizo el segundo y tercero. Llegamos a congeniar y cuando yo estaba trabajando en Palo, las relaciones se hicieron más serias, llegamos a un acuerdo y el 12 de marzo de 1942 se llevo a cabo el matrimonio en la iglesia de San Vicente. Ella es ALEJANDRINA SANCHEZ SANCHEZ. El 28 de de noviembre del mismo año nació nuestra primogénita: Ana Victoria.
Ya en la hacienda Palo, mi mala suerte fue tener un administrador, apellidado Vignes, un tipo irresponsable, que seguramente llegó a ese puesto por alguna recomendación, porque no atinaba a dirigir nada hasta que humillado así mismo, fue abandonando sus obligaciones, con cuya responsabilidad tuve que cargar yo, debido a que era la segunda autoridad; esta situación duro más de dos años, hasta que lo despidieron; y vino uno nuevo que antes había trabajado como mayordomo. A mi como novato, no me dieron importancia, por más que les había demostrado ser apto para el puesto. Esta situación no duro mucho tiempo. Ya había nacido mi segunda hija, Gloria y yo buscaba la forma de hacerme práctico en la dirección de una hacienda En esos días recibimos en la hacienda, la visita de un joven que en años anteriores se había desempeñado como apuntador en esta misma, el señor Guillermo Tomates, en busca de una persona para que administrara un fundo que tenía en Conde Villa Señor, compuesta de 30 fanegadas (90 hectáreas).
Yo estaba algo disconforme del nuevo administrador, le ofrecí mis servicios, pues contaba ya dos años y medio de práctica. Mi oferta fue aceptada con ciertas dudas, pero se hizo efectiva.
Viajamos conjuntamente con el señor Tomatis a Lima con el fin de conocer el sitio donde iba a trabajar y al mismo tiempo presentar mi renuncia a la firma Gerbollini.
De regreso a Palo, preparamos el viaje, mi señora, mis dos hijitas y yo, una tarde del mes de Agosto de 1944 salimos de Cañete con dirección a Lima. Llegamos al amanecer a Valdivieso de Conde Villa Señor y esa misma mañana me hice cargo de la dirección de las labores agrícolas que casi en gran parte consistía en la producción de pastos para el ganado lechero que era el negocio. Posteriormente se produjo, papas, camotes y algodón.
Durante once años trabaje en esta empresa. Los años se sucedieron uno tras otro y la familia aumentaba con el ritmo de la vida; Guido Alberto, Alejandrina, Elsa, Miguel y Cesar. Eran ya siete. Si señor eran siete. El primer año tuvimos nuestra vivienda en Valdivieso, pero el 46, comenzó la invasión de la pampa de Piñonate y aproveche para hacerme construir una vivienda de adobes; allí vivimos hasta el año 1954 en que nos trasladamos a una quinta situada frente a la puerta principal del Estadio Nacional José Díaz.
UN mal día, no se, si, en un acto preparado; el caso es que al señor Tomates, se le subió el negro, y con razón o sin ella, la verdad es que nos trabamos en un lío de palabras y como yo jamás me humillé ante nadie inmediatamente renuncie al trabajo; baje del caballo, tome algunas de mis pertenencias y me fui a mi casa, avisándole que al siguiente día volvía para arreglar lo de mi indemnización.
Quería ser libre, trabajar por mi cuenta sin ser mandado por nadie.
Queriendo ser libre, compré un automóvil, me inscribí en el Sindicato de Chóferes de Lima y empecé a trabajar haciendo colectivo por la Av. Argentina entre Lima y Callao.

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La lucha para abrirse un campo en la vida

mitayito @ 23:18

CAPITULO XV
La vida se iba presentando tal cual es; y en este pueblo no hay porvenir para la juventud, sobre todo cuando una ha estado viviendo otros ambientes y ha cursado algunos estudios se hace imposible la estadía, por lo que de acuerdo con mi padre volví a Lima. Pero la capital que ya vivía el gobierno de Sánchez Cerro, con una oposición incontenible del APRA, era el centro de un caos político-social del cual nada bueno podía esperarse. La desocupación crecía día a día, las asonadas eran cosa común. Conseguir un trabajo era como se dice pedir peras al olmo. Las puertas de los ministerios, de las fabricas amanecían con colas interminables por sí había alguna vacante.
Un amigo, que me conocía desde cuando vine por primera vez a Lima se interesó por mi situación, y como era contratista de pintura, me enseño el trabajo y con él me pase casi diez meses. Como algo de Ripley les diré que el maestro Quiroz, que así se apellidaba, la primera semana, el día sábado recibió como adelanto de su contrato la suma de 15 soles oro. Con ellos pagó a un oficial y a mí, llevó su parte a su casa y todavía nos invito una caja de cerveza. ¿Qué tal?.
Al enterarme que mi `padre había sufrido un percance volví nuevamente a Lunahuaná. Otra vez en casa y de nuevo la incertidumbre….pasaban los días, los meses y ya estamos en enero de 1935. Cierto día, al hacer mi visita de costumbre a la casa de los primos, Enrique salió a recibirme y me dijo: “Guido te presento a la señora Victoria Alfaro, mi prima y tuya también, que tú no la conoces”.
Aquí empieza la época más promisoria de mi vida, ya que se sentaba la base de lo que sería mi porvenir, Victoria Alfaro se convirtió ya no en una prima si no en una madre para mi. Así como en Lima recurría a la tía Inocenta, ahora ante cualquier problema ella era la consejera obligada.
Se preocupó tanto de mi como mas tarde de mis hijos, tres de los cuales eran sus ahijados (Guido Alberto, Gloria y Elsa), que siempre guardo un recuerdo muy tierno de su persona y con ella de su esposo Manuel Becerra (mi compadre) que siempre me trató con suma deferencia. Que Dios los tenga en su Santa Gloria.
Conversamos ampliamente sobre losa estudios que había realizado y las pocas perspectivas de conseguir una ocupación acorde con mi temperamento. Me invito que fuera a San Vicente, donde ella vivía, para tentar hacer algo efectivo. Pocos días después estaba tocando la puerta de la casa de la prima. Ella había adelantado las gestiones, ya había conseguido. Me presentó al Dr. Rodríguez un abogado que la apreciaba y era muy amigo del esposo. Con el y el señor Mansilla inspector de educación, fuimos a la hacienda Cerro Alegre cuyo administrador el señor José Domingo García nos recibió muy gentilmente. Fui presentado y de hecho me hacía cargo de fundar la primera escuela primaria en esta hacienda.
Y aquí me quede, como maestro de la escuela fiscalizada para varones y mujeres, cuya matricula se abrió de inmediato. Mi sueldo S/.60.00 para empezar, era irrisorio, pero al fin tenía el trabajo que tanto anhelaba y ya podía mirar con mas confianza al futuro.
Para el 28 de julio de ese año, recibí del Consejo de Imperial, una invitación para asistir con mis alumnos a la concentración que con motivo de aniversario patrio se realizaría. El tiempo apremiaba y no pudimos preparar a los alumnos en forma debida, por lo que en reunión con los padres de familia acordamos asistir con vestido limpio y nada más. Una bandera atada a un asta nos sirvió de estandarte. Demás esta decir que todos los colegios se presentaron muy bien uniformados. En medio de ellos nuestra presencia fue poco aceptable pero fue motivo para empezar nuestra preparación desde ya para futuros compromisos. Efectivamente a partir de ese episodio, tuve una entrevista con el señor Arenas Loaysa, personero de la Junta Administrativa de la Fundación y conseguí un a cantidad de tela para uniformes y sobre todo los instrumento necesarios para organizar una banda de guerra y un estandarte.
Dos jóvenes huancaínos, que trabajaban en la hacienda ex alumnos del colegio Santa Isabel, presentaron desinteresadamente su colaboración uno como instructor y el otro para preparar a los muchachos que tocarían en la banda. En esta forma en poco tiempo armamos una excursión por Imperial y San Vicente con nuestros alumnos bien uniformados y con su fanfarria a la cabeza, alborotamos un rato a los habitantes de dichas ciudades. En esta forma nos sacamos el clavo y Cerro Alegre ocupo un lugar destacado en cada presentación.
El año 1937, se fundó el Colegio Del Rosario, para niñas regentado por monjas Dominicas, en consecuencia quede solo con varones. Al año siguiente 1938 toco inaugurar el Colegio San José, dirigidos por alumnos egresados de la Escuela Normal de la Salle. El señor Meza fue el primer Director y a mí se me incluyó en el cuerpo de profesores.
Estos jóvenes, bastantes sobrados, por el diploma que portaban consigo, desde que llegaron y se hicieron cargo de la marcha del colegio, trataron de menospreciar mi persona y además hostilizándome en forma solapada. A mi me dieron las dos secciones mas numerosas: segundo y Tercero, con unos cincuenta alumnos. A Yalan: preparatoria y primero.
Meza tomo el quinto con seis alumnos y su intimo amigo Leyla el cuarto de ocho alumnos. El año transcurrió con pequeños incidentes pero se terminó y se llevo a efecto la clausura.
A fines de febrero de 1939, fui llamado a Lima por el Dr. Arenas, quien me hizo algunas atingencias sobre mi conducta y sintiéndome ofendido, opté por renunciar y así lo hice de inmediato.

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A empezar de nuevo

mitayito @ 23:15

Capítulo XIV

Desorientado, sin un porvenir seguro, sin haber culminado estudios que me abrieran las puertas del mundo, para poder luchar, llegue a Uchupampa. Solo mi padre me recibió; con lágrimas salida de los mas profundo del alma nos abrazamos comentando todos los acontecimientos que se habían sucedido durante la enfermedad, y después la muerte de mi madre querida. No le gustó mucho cuando supo que no volvería a la congregación Salesiana.
Hacía dos años que había fallecido mi madre después de cuatro de penosa enfermedad, sobrellevada con gran estoicismo. Para una mujer que a pesar de su contextura frágil, tenía un temple y voluntad de acero demostrada durante los años que vivió en la sierra trabajando allá, al lado de su esposo criando a sus hijos y soportando después esa cruel enfermedad.
Criada desde muy tierna en Lima, con una educación que para su época, le hubiese significado otro porvenir mas halagüeño, no tuvo reparos en aceptar el establecerse en Pallca y luchar, como se dice hombro a hombro, para sacar adelante la empresa que se habían propuesto y soportó hasta cuando le fue materialmente imposible seguir adelante.
Todas estas cosas las recordamos con mi padre, y muchas más. Yo me sentía inmensamente afligido y caminaba de un lado a otro en la casa en los huertos, etc. me imaginaba ver a mi madre, con ella soñé todas las noches por mucho tiempo, ya en un sitio ya en otro, como si estuviera viva.
Mis hermanos, Raquel con cuatro hijos, habían abandonado Pallca y se habían establecido en Huangascar, sus estancias Callanca y Maraypata, dedicados a la crianza de ganado según costumbre del lugar. Ananias continuaba en el ejército. Teodolinda había sido internada en el convento del Buen retiro, en cumplimiento de un deseo de mi madre antes de su fallecimiento. Serafín continuaba en la congregación Salesiana.
Después de unos días de descanso, empecé a reconocer a las nuevas amistades, entre los que debo mencionar en forma muy especial a mis primos Enrique y Paulina Sánchez con quienes forjamos una amistad muy sincera; cumpleaños y otras fiestas sociales, siempre estábamos juntos y yo aprendí la nueva vida, empezando po el baile para hacer buena presentación cuando el caso lo requería.
Aprovechando una visita de Don Elodio Reynoso, hermano de Viterbo hice un viaje a Huangascar para visitar a mi hermana, su esposo y conocer a los sobrinitos. Nuevamente a recorrer esos benditos caminos de herradura que tantas veces de día o de noche había transitado, aun muy niño antes de ir a Lima.
Siendo ya muy tarde me hospedé en casa del empleado de la familia Guerrero, que tenía muy cerca de lo que explotaron mis padres. El y su hija Tomasa me atendieron muy bien, recordando que en alguna oportunidad había sido nuestro aparcero.
Al siguiente día, muy temprano continué viaje, llegando a Huangascar a las 10:00a.m. Este se encontraba casi desierto. Sin embargo para mi sorpresa, apareció la señora Teófila de Gamarra, quien como respuesta a mi saludo me pregunto si el Pasaguay no me había asustado en Lima. Departimos largo rato, haciendo recuerdos de otros tiempos y al fin me informó que mi hermana estaba en Maraypata. Allá me dirigí después de despedirme y en un cuarto de hora ya estaba frente a la casa de hermana. De lejos y por la cabalgadura me reconoció y fue a mi encuentro…otra escena dolorosa con tristes recuerdos sobre todo de nuestra madre, un abrazo interminable, un llanto contenido, por tanto tiempo se desbordó de tal forma que, después de tantos años, lo recuerdo como si fuera ayer. La pérdida de nuestra madre, el haberse quedado sola, si cabe la frase, por esos lugares sin un hermano a su lado era bastante motivo para manifestar en esa oportunidad el hondo sufrimiento que la embargaba.
Calmados ya los ánimos, abracé a mi cuñado y sobrinos Abelardo, Leandro, Graciela y Hortensia. Esta última desde que me vio me dio sus bracitos para que la alzara y posteriormente ni de su mamá se acordaba si yo la tenía en mis brazos. Después de cierto tiempo de estar acompañando a mi hermana regresé a Lunahuaná.

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30/11/2006 GMT 1

El Sueño de mi Madre

mitayito @ 19:26

Efectivamente, con la confianza de dejar las tierras de Pallca en buenas manos, nuestra permanencia en Lunahuaná se fue haciendo una realidad sobre todo por nuestra educación que naturalmente debía ser mejor. Tanto mi madre como mi padre se turnaban, de vez en cuando, para hacer una visita a Pallca y cerciorarse sobre la forma como marchaban las cosas.
A raíz de una de esas visitas por parte de mi padre acordaron con Reynoso hacer un viaje a Lima con el fin de gestionar la compra, ante el Ministerio den Agricultura, de las tierras que por tanto tiempo la habíamos tenido en arriendo. Un día del mes de Febrero de 1925, debía realizarse el viaje para lo cual ya Reynoso había llegado a la casa. En la tarde de aquel día debían salir. Mi padre, recogía algunos racimos de uva para llevarlos de obsequio a la tía Inocente, en un parralcito, frente a la casa. Mi madre que buscaba el momento oportuno para empezar a realizar su sueño cual era el “Salto a Lima”, me dijo: “Guido; hoy o nunca. Dile a tu padre, ruégale que te lleve a Lima. Una vez allá, de acuerdo con tu tía verán la forma que te quedes”. Yo, que tenía la misma idea que ella, por habérsela oído varias veces, no me lo hice repetir y salí a la carrera en busca de mi padre. Me acerqué a él y con toda humildad dije: “Papá, Ud. se va hoy a Lima con Viterbo. ¿Por qué no me lleva a mí?, Yo quiero conocer Lima y si es posible me quedaré como sea, pues tengo mucho deseo de seguir estudiando.
Mi padre, muy serio, me escuchó; frunció el ceño y después de meditarlo unos segundos me dijo: Dile a tu mamá que te prepare tu ropita que por la tarde nos embarcamos”. Saltando de alegría regresé donde mi madre y le di el encargo que ella cumplió más pronto que rápidamente. A las cuatro de la tarde estábamos saliendo hacía Cañete en donde pernoctamos, para el siguiente día salir hacía Lima. Así fue; todo el día en un Forcito, hasta llegar a nuestro destino. A las ocho de la noche estábamos entrando a un canchón, en la Av. Grau, donde se estacionaban los carros que llegaban del sur.-Por fin en Lima, una tremenda avenida con una iluminación que jamás habían visto mis ojos, me dejaron atónito ya que por primera vez veía una ciudad y de noche, con el ruido de los carros que ya abundaban.
Salimos de allí, con intención de llegar a la calle. Los Naranjos, donde vivía el tío Mariano Rojas, pero en vez de seguir por la Av. Grau hacia el Hospital Dos de Mayo tomamos por Abancay y nos dirigimos sin rumbo conocido, de tal manera que resultamos en la plaza de Armas y frente al Palacio de Gobierno. Esta vez pagamos el tributo de provinciano que no conoce Lima. Corregimos el recorrido y nos dirigimos por un jirón que no recuerdo cual, pero que nos llevó a Cinco Esquinas, y de allí, ya fue fácil ubicar el domicilio de mi tío, quien muy contento y cariñoso nos acogió en su hogar en donde pernoctamos. Al día siguiente muy temprano fuimos al convento del Buen Retiro, ubicado en la Av. España, para hacer la visita a la tía Inocente, hermana de mi padre. Los días subsiguientes se dedicaron a hacer trámites y gestiones para lo que se había efectuado el viaje, y después del cual el retorno se hacía una necesidad.
memorias-del-tayo-002.jpgYo debía quedarme en Lima, pero dónde?...cómo?...esto debía resolverse, pero ya…Caminábamos por las cercanías a la Iglesia de San Pedro, cuando una señora desde su balcón nos pasa la voz, haciéndonos unas señas para que subiéramos. Accedimos a la invitación y subimos. La señora nos recibió muy amablemente y nos invitó a pasar a su casa. Una vez ubicados abordó inmediatamente el tema en esta forma: “por lo que veo ustedes son provincianos y yo los he llamado para pedirle a Ud. (se dirigió a mi padre) me deje a su hijo, yo le ofrezco costear sus estudios, vestirlo, etc., lo que tiene que hacer es muy sencillo; limpieza y mandados, etc.. La señora era esposa de un exiliado de Leguía y vivía en el Ecuador.
La propuesta era buena y fue aceptada de inmediato, ya que precisamente, era lo que se buscaba. De hecho me quedé. Mi padre se despidió y haciéndome mil recomendaciones se marchó, para que al siguiente día partiera a Lunahuaná. En mi nuevo hogar, no duré ni ocho días, por que en uno de ellos y no sé por qué motivo, la señora me dio una tremenda reprimenda que me hirió hasta lo más profundo de mi ser; por más que la cocinera me dio algunas explicaciones acerca del carácter histérico de la doña, tomé una decisión rápida y fue retirarme de esa casa, para lo cual como la señora iba a salir en su carro, le pedí me llevara donde mi tía, para traer alguna ropa que había dejado y la necesitaba. Entendiendo que todo esto se lo dije sin dejar traslucir el resentimiento que abrigaba en mi interior. Algo dudosa, aceptó, me llevó y me dejó en la Av. España con la recomendación que me fuera lo más rápido posible que ella estaría esperando. Pero esto no sucedió jamás.
Narré a la tía, detalladamente, lo sucedido y le expresé mi intención de no volver allá, ella me escuchó y como era tan buena, habló con la Superiora General de las Religiosas; le narró el caso y le pedía su consentimiento para que me quedara en el departamento que había dedicado al jardinero u otro varón que fuera necesario. Por lo tanto no hubo ningún obstáculo para que me quedara, con gran alegría de mi parte.
El padre Frerer, salesiano, alemán, era el Capellán de las monjas y todos los días venía a celebrar la Santa Misa. Un día que me vio en el jardín, me preguntó si yo trabajaba allí a lo que respondí afirmativamente; “Tú me puedes ayudar en la Misa, yo te enseño, ¿Qué tal?”; bien padre, con mucho gusto, le conteste.
Al día siguiente, empecé; primero con el librito que él me dio en la mano hasta que aprendí todo lo necesario, que en esos tiempos era en Latín.
Alguien le recomendó a mi tía, que me matriculara en un centro escolar de Malambito, y así lo hizo, yo lo acepté sin poner objeciones y el primer día de clases, en Abril, comencé a asistir. Malambito, muy mentado, en esos tiempos, por su gente pendenciera y valentona era lo que hoy, los Barracones, comencé a frecuentar mi aula que era el tercero de primaria, compuesto por un alumnado, de blanquitos la minoría, cholos mestizos los más, negros, etc. tanto limeños como provincianos, costeños y serranos; unos con tiempo de estadía en la capital otros recién llegados como yo,... La mayoría usaba pantalón corto salvo algunos mas grandulones que los llevaban largos; los recién llegados los usábamos estilo pasa-río a media caña y éramos el hazme reír de los demás.
Tras de mi se sentaba un huancaíno, casi de mi misma edad, 14 años. Desde el primer día quiso tomarme el pelo, a lo que yo trataba de no hacerle caso y eludía todo enfrentamiento; pero un día se sobrepasó y ya me estaba sacando de mi santa paciencia y se iba a armar la bronca en el salón, cuando intervino uno de nuestros compañeros y me dijo: “Acá no, dale la mano para la salida”, y tomándome la mano derecha me la hizo chocar con la del fulanito.
Todo el salón se enteró del desafío y a la salida se fuero sumando los demás salones de tal manera que se formó un tremendo espectáculo, con la cantidad de muchachos que se dirigía, escoltándonos hacía el galpón situado al costado del jr. Moquegua en la Plaza Dos de Mayo.
De inmediato se formaron dos grupos y abran cancha! En medio los dos gallitos listos para trenzarse. Comenzó la pelea: Golpes van, golpes vienen, una patada por allá, otra por acá; se ensayó un mechazo que no prosperó. De pronto un recto de mi derecha, hizo impacto en la nariz del Huanta que comenzó a manar sangre; al sentirse mal, el cholito se chupó y allí terminó la gresca.
Cuando yo creía terminado el lío y me aprestaba a salir con mi grupo, un muchacho del otro bando de los más grandes se abalanzó sobre mí, mientras yo buscaba defenderme, de los míos saltó uno para hacer frente al nuevo valiente. Ya se trenzaban en un duelo feroz, cuando alguien gritó a todo pulmón: ¡EL TOMBO!!! ¡EL TOMBO!!!... Como palomas ante la presencia del gavilán volaron y en segundos no quedó uno solo en el sitio, y yo patitas para que te quiero, tomé la Av. Alfonso Ugarte y no paré hasta el Buen Retiro, y nuevamente un problema para que resolviera la querida tía, pues al narrarle lo sucedido, también le manifesté terminantemente que no quería seguir en ese centro escolar.
Mi tía habló con el padre Frerer, el capellán, que desempeñaba la Dirección del Externado Salesiano de Breña. Como ya me conocía muy bien, pues era su ayudante de Misa, le dijo a mi tía: “mañana a la siete en punto que esté en la Dirección; asistirá como un alumno más y de la pensión no se preocupe.
Efectivamente, al siguiente día, el padre Director me puso en manos del señor Ricardo Tapia, profesor del tercer año, el último salón que da a la Av. Arica y que después de tantos años sigue igual.
Mis nuevos compañeros, al ser presentados por el señor Tapía me aceptaron muy cariñosos. Bastante tímido, al principio, poco a poco me fui haciendo dueño de la situación. Al mes ya era “pasante”, con tres alumnos bajo mi mando. A los dos meses ya figuraba en el cuadro de Honor de todo el colegio, ocupando el tercer lugar entre 55 alumnos, lo conservé hasta el fin del año escolar, culminando el día de la Clausura, en la cual me hice acreedor a una medalla de Bronce por Conducta y Aprovechamiento y un diploma, todo lo cual me fue entregado por el señor Andrés Dasso, Alcalde de Lima, con las respectivas felicitaciones, y la pregunta de rigor “¿De donde eres?, De Lunahuaná le contesté, Tierra del vino”, me dijo y me dió una palmada en el hombro. Di gracias a sus palabras generosas y me retiré.

26/11/2006 GMT 1

El Matrimonio de mi Hermana Raquel

mitayito @ 01:52

Después de las anécdotas, narradas, seguiremos nuestra historia con capítulo especial, referente al matrimonio de mi hermana, a quien todos queríamos como nuestra madre, lo que ya lo dejé consignado en otro capítulo. Frisaba ella, los dieciocho juveniles años, estudiaba interna en Lunahuaná. Una tarde, menos esperada se presenta en nuestra casa (Pallca), los hermanos Elodio y Alejandro Reynoso, compadres de mis padres, los acompañaba el hermano menor Viterbo. Como alguna vez ya dijimos que en nuestra casa se hospedaban tanto de subida como de bajada creyeron que se trataba de una visita rutinaria. Tratándose de los compadres Reynoso la atención mereció un trato especial. Es así como mi madre se esmero en preparar una cena para agasajarlos. Ellos que venían preparados, sacaron de las alforjas, sendas botellas de vino y pisco con que asentar la cena…!Salud compadre!.!Salud Comadre!. Salud Compadre!!!. Copas van, copas vienen, cuando los compadres creyeron bien preparado el terreno soltaron el toro al ruedo.
Compadre, Fermín hemos venido con una misión y esperamos Ud. no nos defraude, venimos a pedirle la mano de su hija la señorita Raquel, para casarla con nuestro hermano Viterbo, aquí presente. Esto dijeron,los hermanos Reynoso y esperaron pacientes la respuesta.
La reacción de mi padre, ya pasado de copas, fue tremendamente violenta y negativa, ya que, lo que menos había soñado era dejar algunos de sus hijos en la sierra, menos a su hija mayor. Tanto más que la estadía en Pallca, se iba haciendo problemática por la salud de mi madre que empezaba a desmejorar y que ya se vislumbraba un retorno muy pronto a Lunahuaná. Los Reynoso, humildemente se hicieron los dormidos y allí pernoctaron hasta el día siguiente, que con los ánimos más calmados reiniciaron el ataque hasta que consiguieron la anuencia de mi padre.
Este, tomó el asunto en serio y ordenó a mi madre, viajara a Lunahuaná con el fin de explicar a la hija el compromiso y trasladarla a Pallca. Los Reynoso, contentos con el resultado de sus gestiones, concertaron todo lo necesario para que en el menor tiempo posible se llevara a cabo el matrimonio. Demás esta decir que Raquel, obediente a la determinación de sus padres no puso objeciones y acató todo lo acordado con respeto y humildad. Costumbre de la época.
Año de 1921, centenario de la independencia; fue también el año del matrimonio. El cual fue todo un éxito. Un espectáculo, aún no presenciado en Huangáscar. Se casaba Viterbo Reynoso, de las principales familias del lugar y la señorita Raquel Yactayo, hija de don Fermín Yactayo, una persona muy querida y muy apreciada en toda la comarca.
La boda se realizó con mucha pompa, sumándose las costumbres de la costa y la sierra. Se trajo un cura desde Huancavelica, para el acto religioso, la novia de blanco con azahares y demás; el novio de frac, etc. no había automóviles así que todo fue a pie acompañados por todo el pueblo.
En cuanto, a lo bucólico, se llevo un cocinero especial de Lima, hubo bebida y comida para todos y a manos llenas…No recuerdo más porque con mi hermano mayor nos pusimos en la cantina a ayudar al encargado y por supuesto que hicimos el debut, nos echamos nuestros primeros traguitos ¡Salud!.
El nuevo matrimonio, se fue consolidando, comenzaron los primeros retoños; Rosita que murió muy tierna, luego vinieron los demás; Abelardo, Leandro, Graciela, Teresa, Hortensia y Dorita.
Nosotros fuimos consolidando nuestra permanencia en Lunahuaná y de las chacras de Pallca y Sukij se hicieron cargo mi hermana y su esposo.
Después de años de tanto bregar solo la enfermedad de mi madre pudo doblegar el deseo de seguir trabajando pero ya no era posible, y en buenas manos quedaba todo.

LA VIUDA

mitayito @ 00:17

En otra oportunidad, mi madre tuvo que hacer un viaje a la costa, para lo que se había puesto de acuerdo con varias personas a fin de viajar juntas, haciéndose compañía. Pasaban por Pacarán bastante avanzada la noche y mi madre se acordó que tenía que hacer una cobranza, por lo que tuvo que apartarse de los demás, los que seguirían caminando.
La cobranza se hizo, felizmente, por lo que de inmediato cabalgó con la intención de alcanzar a los demás viajeros. Hostigando al animal para que apurara el paso, salía ya del pueblo, cuando de pronto divisó a lo lejos una sombra negra,
Puede ser un árbol a la orilla del camino, pensó, apurando al animal para que caminara más rápido. A medida que avanzaba la sombra se perfilaba como un ser humano, hasta mostrarse ya como una mujer alta vestida de negro y un manto del mismo color que le cubría desde la cabeza hasta los pies, dejando descubierto solo un rostro sumamente blanco. Se cogió fuertemente de las riendas con una mano y con la otra azotaba a su cabalgadura para darle ánimo y caminara al trote, porque ya quería encabritarse. Por fin llegó el momento supremo, el encuentro frente a frente con la Viuda, pues eso era. Al cruzarse y para darse valor que ya le faltaba, saludó: ¡Buenas noches señora!. viudaLa fulana solo hizo un ruido como un murmullo y pasó… Nerviosa y para saber el fin, voltea a mirar a la mujer y con espanto tremendo ve que la tal, había dado vuelta y se venía siguiéndola.
Angustiada, ante esta situación, trató de acelerar para poder alcanzar a los demás. Habiéndolo conseguido, les narró lo sucedido y asombrada escuchó que los demás también la habían visto.
Después de mi madre, había quedado también, un a de las viajeras, montada a caballo y con montura, de hombre o montura de cajón, como de le conocía en esos tiempos. Efectivamente, cabalgó como hombre y echó a correr en pos del grupo, y se encuentra con la viudita. El caballo se le encabrita y no quiere seguir, parado en dos patas trata de echar a tierra a la señora, pero ella buena jinete logra dominarlo y pasa el peligro, sin mayor percance.
¿Que era la Viuda?. Es algo difícil de explicar con certeza, pero muy conocido en los pueblos y campesinado de la costa, el echo de que una mujer vestida de negro salía por temporadas y en determinados sitios. Esto naturalmente para el que tenía la mala suerte de verla constituía un tremendo sustazo. Según unos; mujeres con la conciencia sucia salían a hacer penitencia de sus culpas; según otras, almas en pena que no alcanzaban salvación y vagaban por el mundo. Felizmente ya no se escuchan la repetición de estos casos.
En los siguientes capítulos seguiremos la narración cronológica de los hechos que se relacionan con la biografía.


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