¡El Tombo!

Cuando llegue por primera vez a la capital,-cuenta el Tayito- para seguir mis estudios de tercero de primaria, mi tía me matriculo en un centro escolar de Malambito, sin tener en cuenta que el mencionado colegio se encontraba en una zona peligrosa, empecé a asistir desde el primero de abril.
En mi aula estaba compuesto por alumnos de toda clase y razas sociales y de diferentes zonas. La mayoría usaba pantalón largo y los que usábamos pantalón corto éramos el hazme reír de los demás.
Tanto dentro de la clase como a la hora de salida, nos molestaban, por mi parte trataba de no hacerles caso, hasta que un día se sobrepasaron, al sentir un fuerte golpe en la espalda y mi paciencia se termino, pero al voltear me encontré seis muchachos que festejaban lo sucedido, encolerizado me abalance sobre el que suponía que era el que me había faltado; pero como estamos dentro del aula, intervino uno de nuestros compañeros y me dijo: Acá no, dale la mano para la salida, y tomándome la mano derecha me la hizo chocar con la del otro.
Todo el colegio se enteró del desafío y como siempre ocurría se convirtió en un gran espectáculo (debemos tener en cuenta que en esa época solo existía la radio).
A la hora de salida, fuimos escoltados hasta un lugar despoblado, por casi todo los alumnos, que habían formado dos grupos y empezó la pelea:Golpes van, golpes vienen, una patada por allá, otra por acá; se ensayaron algunos cabezazos; hasta que en un descuido un recto de mi derecha, hizo impacto en la nariz de mi oponente, empezando a salir abundante sangre por sus fosas nasales, quien asustado y lleno de irá quiso atacarme con piedras, originándose entredichos entre los espectadores simpatizantes, que poco a poco se fue convirtiendo en una pelea de todos contra todos.
En ese momento alguien grito a todo pulmón ¡El Tombo!!!, ¡El Tombo!!!. Todos sin verificar si era cierto o no, como palomas ante la presencia del gavilán, en menos de lo que canta un gallo desaparecimos del lugar; yo particularmente salí disparado y no pare hasta llegar a mi casa, donde asustado e inocentemente le conté lo sucedido a mi tía, quien en respuesta me dio un buen jalón de orejas, pero a los pocos días me cambio de colegio.
Que tiempo aquellos, el respeto que se le tenía a la autoridad, representada por el Policía (Guardia Civil), llamado popularmente “Tombo” , imponía su autoridad, respeto y amistad.


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Un tema que siempre polémico, fue: de qué fue primero, si el huevo o la gallina, esta interrogante data de la época de los antiguos griegos. Y de acuerdo a lo publicado en el diario británico The Times parece haber llegado a su fin.
me dejaron para que acompañara mi tía. Yo contaba con apenas siete años y nunca me había separado de ellos, sentí una gran nostalgia al sentirme solo, pero a medida que el tiempo pasaba hice una gran amistad con el perrito que vivía en la casa y se llamaba “Negrito”; con el jugaba y salía a todas partes.
En mi época -dice el Tayito-, los carnavales se jugaban tres días seguidos, y con el debido respeto sólo participaban los que verdaderamente querían jugar y los que no, se ponían a mirar, como se hace cuando se observa un partido de fútbol.
sueldo fue S/.60.00 para empezar, era irrisorio, pero al fin tenía el trabajo que tanto anhelaba y ya podía mirar con mas confianza al futuro.
de mi padre -cuenta El Tayito-,
Esta clase de ave, que no existe por esos lugares, la sorprendió y mi prima se quedo inmóvil del susto y mi tía lo único que atinó fue, quitarse el pañolón con que se abrigaba, para poder defenderse, ya que el ataque era cada vez con más furia. Lucharon por varios minutos hasta que dando muestras de cansancio, el pato bajo las alas y rápidamente desapareció entre los arbustos de donde había salido.





