Mi primera amiga

Cuando tenía aproximadamente dos o tres años de edad, El Tayito cuenta que, entre el ganado ovino que criaba su padre, había una hermosa cabrita blanca y sus padres pensaron que muy bien podría cuidarme y jugar como si fuera un perrito fiel. Hicieron la prueba y tanto yo como la cabrita congeniamos y aceptamos la nueva situación, llegando a compenetrarnos de tal manera que ambos nos buscábamos para estar juntos; dice El Tayito. 
Todos los días mi padre llevaba al ganado y a la cabrita al campo, dejándome en casa bien alimentado; hasta la tarde en que volvían a los corrales. Era muy sugestivo lo que hacía la cabrita, se adelantaba a todos gritando de trecho en trecho llegaba la primera, a la casa y yo que sentía sus validos salía al encuentro.
Pero sucedió un día que por estar pastando el ganado muy cerca de a la casa la cabrita se acordó de mi y regreso a casa a buscarme, como de costumbre jugamos un rato y como no había nadie, al retirarse la cabrita yo la seguí.
En esos instantes, llegó mi madre que había salido por unos segundos y al no encontrarme, comenzó la búsqueda por diferentes sitios hasta que faldeando un ladera que terminaba en precipicio, me vio mi madre, que caminaba hacia el abismo; corrió y me cogió en el preciso momento que iba a dar el paso definitivo.
Cuando llegó mi padre fue informado de lo sucedido y sopesando el pro y el contra del caso acordaron sacrificar a la cabrita antes que perder a un hijo. Así termino la historia de la cabrita blanca.


Meneame
del.icio.us
Estaba casi a medio camino, y entraba a una pampita, cuando diviso en el otro extremo un bultito negro que se venía a mi encuentro y acercándome más reconocí que era una tarántula a la que por esos lugares le llamábamos Paraguay. Con sus tremendas patas avanzaba retadora hacia mí; cuando me sintió muy cerca levantó las patas delanteras apoyándose en las posteriores se elevó todo lo que le dio sus extremidades. Se quedó mirándome con sus ojazos amenazadores. Al ver esto traté de pasar por un costado pero mi imaginación afiebrada me hizo ver correr a la tarántula a cerrarme el paso.
Cierto día por no se que motivo salimos tarde de la casa y la hora nos ganaba; mi hermano caminaba con desgano y mirando siempre al cielo, (nuestro reloj) decía; ya es muy tarde, ya no vamos a llegar, y tomó un desvío hacia el rio; yo lo seguí. Llegamos al sitio por donde teníamos que cruzar el rio;
Muy temprano se preparo El Tayito, para ir de paseo a su tierra querida, Lunahuaná, que es un hermoso valle
practicaban el canotaje, un espectacular deporte de aventura; fue un buen paseo y así llegó el momento de retornar.
Cuando termine mis estudios secundarios, empecé a salir con una chica. Después de varias semanas me presentó a su familia, y así me enteré que su hermano y yo éramos tocayos.





