Carnaval, carnaval
Este último domingo de febrero, terminan los carnavales, y el Tayito empieza a recordar sus tiempos juveniles en que también jugaba, pero como él dice eran otras épocas, no como ahora.

En mi época -dice el Tayito-, los carnavales se jugaban tres días seguidos, y con el debido respeto sólo participaban los que verdaderamente querían jugar y los que no, se ponían a mirar, como se hace cuando se observa un partido de fútbol.
Desde temprano teníamos que cumplir primero con nuestras obligaciones de la casa, los niños empezaban jugando en horas de la mañana, los adolescentes generalmente lo hacíamos después de almuerzo-cuenta el Tayito-; chicas y chicos salíamos a la calle con nuestros baldes de agua limpia, globos y talcos y por supuesto con el permiso de nuestros padres quienes miraban “que nadie se pase de la raya” y no parábamos hasta que todos quedábamos bañados completamente, después de que hombres y mujeres nos perseguíamos para mojarnos, originando siempre escenas graciosas por la forma que se agarraba a las chicas, o ella a nosotros para mojarnos y pintarnos con talco, lo que disfrutábamos al igual que los que observaban.
El último día todos madrugábamos para ir al monte a traer un buen árbol para la gran fiesta de la “Yunza”, que consistía en bailar al rededor del árbol lleno de regalos, y cada pareja daba unos cuantos hachazos y así sucesivamente hasta que se derribara el árbol y todos los espectadores se lanzaban para obtener uno de los regalos, a continuación la fiesta terminaba con baile, en el cual abundaban los globos, talco perfumado, al ritmo de la música nos pintábamos ambos y nos envolvíamos con la serpentina…qué tiempos aquellos; suspira el Tayito….Feliz fin de semana.

Meneame
del.icio.us
sueldo fue S/.60.00 para empezar, era irrisorio, pero al fin tenía el trabajo que tanto anhelaba y ya podía mirar con mas confianza al futuro.
de mi padre -cuenta El Tayito-,
Esta clase de ave, que no existe por esos lugares, la sorprendió y mi prima se quedo inmóvil del susto y mi tía lo único que atinó fue, quitarse el pañolón con que se abrigaba, para poder defenderse, ya que el ataque era cada vez con más furia. Lucharon por varios minutos hasta que dando muestras de cansancio, el pato bajo las alas y rápidamente desapareció entre los arbustos de donde había salido.
Estaba casi a medio camino, y entraba a una pampita, cuando diviso en el otro extremo un bultito negro que se venía a mi encuentro y acercándome más reconocí que era una tarántula a la que por esos lugares le llamábamos Paraguay. Con sus tremendas patas avanzaba retadora hacia mí; cuando me sintió muy cerca levantó las patas delanteras apoyándose en las posteriores se elevó todo lo que le dio sus extremidades. Se quedó mirándome con sus ojazos amenazadores. Al ver esto traté de pasar por un costado pero mi imaginación afiebrada me hizo ver correr a la tarántula a cerrarme el paso.
Cierto día por no se que motivo salimos tarde de la casa y la hora nos ganaba; mi hermano caminaba con desgano y mirando siempre al cielo, (nuestro reloj) decía; ya es muy tarde, ya no vamos a llegar, y tomó un desvío hacia el rio; yo lo seguí. Llegamos al sitio por donde teníamos que cruzar el rio;
A medida que avanzaba la sombra se perfilaba como un ser humano, hasta mostrarse ya como una mujer alta vestida de negro y un manto del mismo color que le cubría desde la cabeza hasta los pies, dejando descubierto solo un rostro sumamente blanco.


Muy temprano se preparo El Tayito, para ir de paseo a su tierra querida, Lunahuaná, que es un hermoso valle
practicaban el canotaje, un espectacular deporte de aventura; fue un buen paseo y así llegó el momento de retornar.






