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Memorias de mi padre llamado "TAYITO"

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01/12/2006 GMT 5

Mi frustrada vocación religiosa

mitayito @ 23:12

MI FRUSTRADA VOCACION RELIGIOSA

Terminaba el año 1925. Cierto día de diciembre, acudí a la Iglesia de María Auxiliadora y en ella conocí al Padre Pedemonte, inspector general de los salesianos del Perú y Bolivia. Trabamos conversación durante cierto tiempo, en la cual me fue narrado a grandes rasgos la historia de la Congregación Salesiana y de su fundador Don Bosco, hoy San Juan Bosco; fundación realizada en Turín, Italia y diseminada por todo el mundo sobre todo el mundo sobre todo por América Latina, dedicada a la educación de la juventud. Supe también que en esos días se inauguraba un nuevo colegio salesiano en Magdalena del Mar, como centro de formación de futuros salesianos. Por último, viendo el entusiasmo con que le escuchaba, me invitó a formar parte de los primeros 30 alumnos que inaugurarían el Instituto Pablo Albera, que así se llamaría. Acepté muy contento y lo primero que hice fue poner en conocimiento de mi tía esa situación y ella muy entusiasmada me animó a seguir la nueva vida que se me presentaba.
Los primeros días de enero hacíamos nuestro ingreso formal al Instituto Pablo Albera, cuyo primer Director fue el Padre Fortunato Chirichigo, más tarde Arzobispo de Piura. Es digno de recordar al Padre Domingo Ponte un padrecito bastante bajito de estatura, pero de un corazón muy grande y muy piadoso. Era italiano y se encargaba de la parte económica del Instituto.
Sometidos a un horario riguroso, los días la pasábamos dedicados al estudio, conferencias, prácticas religiosas, estudio del latín y todas las disciplinas que eran necesarias para ser un buen religioso y un buen educador. Año de 1926, 1927 y 1928 fueron años de estudios rigurosos y acelerados pues empleábamos las vacaciones para nivelarnos al programa equivalente al Ginnazio italiano. Y lo conseguimos porque en diciembre de este último año nos impusieron el hábito, y nos declararon aptos para el noviciado, el que debía realizarse en el colegio de Arequipa. Y allá viajamos para reunirnos con la promoción salida de la casa de Formación de esa ciudad. Después de un pésimo viaje por mar (para mí), desembarcamos en Mollendo, en donde el desembarco era algo muy gracioso pues una catapulta descolgaba una canastilla de redes, en donde teníamos que colgarnos para que nos sacara a la playa.
Nos embarcamos en el tren y continuamos viaje a Arequipa a donde llegamos sin mayores contratiempos salvo la cantidad de higos y cochas que engullimos y que me causó una indigestión que me duró por muchos años y que más tarde pude curarme con las aguas de Churín.
Ya en el colegio, nos pusimos bajo las ordenes del Padre Aratto, maestro de novicios, quien se encargaba de preparar a los postulantes y después de un año certificar si eran aptos para profesar o no.
Cumplido el año cuando todos soñábamos con volver a Magdalena, fui jalado y separado del grupo para repetir el año, más por disciplina que por aprovechamiento.
Era febrero de 1930, me encontraba bastante abatido por tenerme que quedar en Arequipa por un año más. Al llegar de una pequeña excursión por el río Chili y faldas del Misti, entramos en el dormitorio a cambiarnos. Pasó el Maestro y dejó una carta sobre mi cama, carta con filetes de luto, sin decirme una sola palabra. No quise ni tocarla, porque presentía el contenido y quedé petrificado mirándola, un compañero se acercó y viendo lo que sucedia, tomo la carta y la leyó.
“Hermano, -me dijo-, tu madre ha muerto, cuanto lo siento” y me dio un abrazo; los demás que aún quedaban en el dormitorio se acercaron y me dieron el pésame. Ahora después de tantos años me resisto a narrar todo lo duro y cruel que es para un hijo a su madre, estando tan lejos y saberlo cuando ya estaba bajo tierra. Es cierto que yo esperaba esta noticia, pero por mas preparado que uno este, una madre y solo hay una sola, y el sufrimiento tuvo que manifestarse en alguna forma, porque el director me incluyó en el grupo de mis antiguos compañeros que habían profesado y que partía por unos días a la granja Salcedo en Puno, a cargo de los salesianos por entonces.
Año 1930, año de la revolución de Arequipa (Sánchez Cerro) cumplí el segundo año que me habían asignado, y volví a Magdalena con el fin de estudiar los años de Filosofía prescritos por el reglamento. Al llegar encontré a mi hermano Serafín que se presentaba como aspirante. Era 1931. El siguió estudiando, hizo su noviciado en Arequipa, estudió Filosofía en Magdalena y fue destacado al Colegio de Huancayo para hacer su trienio, tres años de práctica en la enseñanza, que no pudo culminar porque falleció en 1936.
Hice el primer año de Filosofía, pero se presentaron problemas que creí resolverlos saliendo de la congregación. Cumplía para entonces 21 años de edad y ya no pensaba como cuando tenía 14 ó 15 años.
Necesitaba ver la situación de mi padre, y por lo tanto una vez en la calle me dirigí a Lunahuaná. Llegué y lo encontré solo en la casa donde había dejado a todos cuando me fui a Lima. Triste y doloroso fue para mí el encuentro con mi padre después de siete años de ausencia.

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30/11/2006 GMT 1

El Sueño de mi Madre

mitayito @ 19:26

Efectivamente, con la confianza de dejar las tierras de Pallca en buenas manos, nuestra permanencia en Lunahuaná se fue haciendo una realidad sobre todo por nuestra educación que naturalmente debía ser mejor. Tanto mi madre como mi padre se turnaban, de vez en cuando, para hacer una visita a Pallca y cerciorarse sobre la forma como marchaban las cosas.
A raíz de una de esas visitas por parte de mi padre acordaron con Reynoso hacer un viaje a Lima con el fin de gestionar la compra, ante el Ministerio den Agricultura, de las tierras que por tanto tiempo la habíamos tenido en arriendo. Un día del mes de Febrero de 1925, debía realizarse el viaje para lo cual ya Reynoso había llegado a la casa. En la tarde de aquel día debían salir. Mi padre, recogía algunos racimos de uva para llevarlos de obsequio a la tía Inocente, en un parralcito, frente a la casa. Mi madre que buscaba el momento oportuno para empezar a realizar su sueño cual era el “Salto a Lima”, me dijo: “Guido; hoy o nunca. Dile a tu padre, ruégale que te lleve a Lima. Una vez allá, de acuerdo con tu tía verán la forma que te quedes”. Yo, que tenía la misma idea que ella, por habérsela oído varias veces, no me lo hice repetir y salí a la carrera en busca de mi padre. Me acerqué a él y con toda humildad dije: “Papá, Ud. se va hoy a Lima con Viterbo. ¿Por qué no me lleva a mí?, Yo quiero conocer Lima y si es posible me quedaré como sea, pues tengo mucho deseo de seguir estudiando.
Mi padre, muy serio, me escuchó; frunció el ceño y después de meditarlo unos segundos me dijo: Dile a tu mamá que te prepare tu ropita que por la tarde nos embarcamos”. Saltando de alegría regresé donde mi madre y le di el encargo que ella cumplió más pronto que rápidamente. A las cuatro de la tarde estábamos saliendo hacía Cañete en donde pernoctamos, para el siguiente día salir hacía Lima. Así fue; todo el día en un Forcito, hasta llegar a nuestro destino. A las ocho de la noche estábamos entrando a un canchón, en la Av. Grau, donde se estacionaban los carros que llegaban del sur.-Por fin en Lima, una tremenda avenida con una iluminación que jamás habían visto mis ojos, me dejaron atónito ya que por primera vez veía una ciudad y de noche, con el ruido de los carros que ya abundaban.
Salimos de allí, con intención de llegar a la calle. Los Naranjos, donde vivía el tío Mariano Rojas, pero en vez de seguir por la Av. Grau hacia el Hospital Dos de Mayo tomamos por Abancay y nos dirigimos sin rumbo conocido, de tal manera que resultamos en la plaza de Armas y frente al Palacio de Gobierno. Esta vez pagamos el tributo de provinciano que no conoce Lima. Corregimos el recorrido y nos dirigimos por un jirón que no recuerdo cual, pero que nos llevó a Cinco Esquinas, y de allí, ya fue fácil ubicar el domicilio de mi tío, quien muy contento y cariñoso nos acogió en su hogar en donde pernoctamos. Al día siguiente muy temprano fuimos al convento del Buen Retiro, ubicado en la Av. España, para hacer la visita a la tía Inocente, hermana de mi padre. Los días subsiguientes se dedicaron a hacer trámites y gestiones para lo que se había efectuado el viaje, y después del cual el retorno se hacía una necesidad.
memorias-del-tayo-002.jpgYo debía quedarme en Lima, pero dónde?...cómo?...esto debía resolverse, pero ya…Caminábamos por las cercanías a la Iglesia de San Pedro, cuando una señora desde su balcón nos pasa la voz, haciéndonos unas señas para que subiéramos. Accedimos a la invitación y subimos. La señora nos recibió muy amablemente y nos invitó a pasar a su casa. Una vez ubicados abordó inmediatamente el tema en esta forma: “por lo que veo ustedes son provincianos y yo los he llamado para pedirle a Ud. (se dirigió a mi padre) me deje a su hijo, yo le ofrezco costear sus estudios, vestirlo, etc., lo que tiene que hacer es muy sencillo; limpieza y mandados, etc.. La señora era esposa de un exiliado de Leguía y vivía en el Ecuador.
La propuesta era buena y fue aceptada de inmediato, ya que precisamente, era lo que se buscaba. De hecho me quedé. Mi padre se despidió y haciéndome mil recomendaciones se marchó, para que al siguiente día partiera a Lunahuaná. En mi nuevo hogar, no duré ni ocho días, por que en uno de ellos y no sé por qué motivo, la señora me dio una tremenda reprimenda que me hirió hasta lo más profundo de mi ser; por más que la cocinera me dio algunas explicaciones acerca del carácter histérico de la doña, tomé una decisión rápida y fue retirarme de esa casa, para lo cual como la señora iba a salir en su carro, le pedí me llevara donde mi tía, para traer alguna ropa que había dejado y la necesitaba. Entendiendo que todo esto se lo dije sin dejar traslucir el resentimiento que abrigaba en mi interior. Algo dudosa, aceptó, me llevó y me dejó en la Av. España con la recomendación que me fuera lo más rápido posible que ella estaría esperando. Pero esto no sucedió jamás.
Narré a la tía, detalladamente, lo sucedido y le expresé mi intención de no volver allá, ella me escuchó y como era tan buena, habló con la Superiora General de las Religiosas; le narró el caso y le pedía su consentimiento para que me quedara en el departamento que había dedicado al jardinero u otro varón que fuera necesario. Por lo tanto no hubo ningún obstáculo para que me quedara, con gran alegría de mi parte.
El padre Frerer, salesiano, alemán, era el Capellán de las monjas y todos los días venía a celebrar la Santa Misa. Un día que me vio en el jardín, me preguntó si yo trabajaba allí a lo que respondí afirmativamente; “Tú me puedes ayudar en la Misa, yo te enseño, ¿Qué tal?”; bien padre, con mucho gusto, le conteste.
Al día siguiente, empecé; primero con el librito que él me dio en la mano hasta que aprendí todo lo necesario, que en esos tiempos era en Latín.
Alguien le recomendó a mi tía, que me matriculara en un centro escolar de Malambito, y así lo hizo, yo lo acepté sin poner objeciones y el primer día de clases, en Abril, comencé a asistir. Malambito, muy mentado, en esos tiempos, por su gente pendenciera y valentona era lo que hoy, los Barracones, comencé a frecuentar mi aula que era el tercero de primaria, compuesto por un alumnado, de blanquitos la minoría, cholos mestizos los más, negros, etc. tanto limeños como provincianos, costeños y serranos; unos con tiempo de estadía en la capital otros recién llegados como yo,... La mayoría usaba pantalón corto salvo algunos mas grandulones que los llevaban largos; los recién llegados los usábamos estilo pasa-río a media caña y éramos el hazme reír de los demás.
Tras de mi se sentaba un huancaíno, casi de mi misma edad, 14 años. Desde el primer día quiso tomarme el pelo, a lo que yo trataba de no hacerle caso y eludía todo enfrentamiento; pero un día se sobrepasó y ya me estaba sacando de mi santa paciencia y se iba a armar la bronca en el salón, cuando intervino uno de nuestros compañeros y me dijo: “Acá no, dale la mano para la salida”, y tomándome la mano derecha me la hizo chocar con la del fulanito.
Todo el salón se enteró del desafío y a la salida se fuero sumando los demás salones de tal manera que se formó un tremendo espectáculo, con la cantidad de muchachos que se dirigía, escoltándonos hacía el galpón situado al costado del jr. Moquegua en la Plaza Dos de Mayo.
De inmediato se formaron dos grupos y abran cancha! En medio los dos gallitos listos para trenzarse. Comenzó la pelea: Golpes van, golpes vienen, una patada por allá, otra por acá; se ensayó un mechazo que no prosperó. De pronto un recto de mi derecha, hizo impacto en la nariz del Huanta que comenzó a manar sangre; al sentirse mal, el cholito se chupó y allí terminó la gresca.
Cuando yo creía terminado el lío y me aprestaba a salir con mi grupo, un muchacho del otro bando de los más grandes se abalanzó sobre mí, mientras yo buscaba defenderme, de los míos saltó uno para hacer frente al nuevo valiente. Ya se trenzaban en un duelo feroz, cuando alguien gritó a todo pulmón: ¡EL TOMBO!!! ¡EL TOMBO!!!... Como palomas ante la presencia del gavilán volaron y en segundos no quedó uno solo en el sitio, y yo patitas para que te quiero, tomé la Av. Alfonso Ugarte y no paré hasta el Buen Retiro, y nuevamente un problema para que resolviera la querida tía, pues al narrarle lo sucedido, también le manifesté terminantemente que no quería seguir en ese centro escolar.
Mi tía habló con el padre Frerer, el capellán, que desempeñaba la Dirección del Externado Salesiano de Breña. Como ya me conocía muy bien, pues era su ayudante de Misa, le dijo a mi tía: “mañana a la siete en punto que esté en la Dirección; asistirá como un alumno más y de la pensión no se preocupe.
Efectivamente, al siguiente día, el padre Director me puso en manos del señor Ricardo Tapia, profesor del tercer año, el último salón que da a la Av. Arica y que después de tantos años sigue igual.
Mis nuevos compañeros, al ser presentados por el señor Tapía me aceptaron muy cariñosos. Bastante tímido, al principio, poco a poco me fui haciendo dueño de la situación. Al mes ya era “pasante”, con tres alumnos bajo mi mando. A los dos meses ya figuraba en el cuadro de Honor de todo el colegio, ocupando el tercer lugar entre 55 alumnos, lo conservé hasta el fin del año escolar, culminando el día de la Clausura, en la cual me hice acreedor a una medalla de Bronce por Conducta y Aprovechamiento y un diploma, todo lo cual me fue entregado por el señor Andrés Dasso, Alcalde de Lima, con las respectivas felicitaciones, y la pregunta de rigor “¿De donde eres?, De Lunahuaná le contesté, Tierra del vino”, me dijo y me dió una palmada en el hombro. Di gracias a sus palabras generosas y me retiré.

26/11/2006 GMT 1

El Matrimonio de mi Hermana Raquel

mitayito @ 01:52

Después de las anécdotas, narradas, seguiremos nuestra historia con capítulo especial, referente al matrimonio de mi hermana, a quien todos queríamos como nuestra madre, lo que ya lo dejé consignado en otro capítulo. Frisaba ella, los dieciocho juveniles años, estudiaba interna en Lunahuaná. Una tarde, menos esperada se presenta en nuestra casa (Pallca), los hermanos Elodio y Alejandro Reynoso, compadres de mis padres, los acompañaba el hermano menor Viterbo. Como alguna vez ya dijimos que en nuestra casa se hospedaban tanto de subida como de bajada creyeron que se trataba de una visita rutinaria. Tratándose de los compadres Reynoso la atención mereció un trato especial. Es así como mi madre se esmero en preparar una cena para agasajarlos. Ellos que venían preparados, sacaron de las alforjas, sendas botellas de vino y pisco con que asentar la cena…!Salud compadre!.!Salud Comadre!. Salud Compadre!!!. Copas van, copas vienen, cuando los compadres creyeron bien preparado el terreno soltaron el toro al ruedo.
Compadre, Fermín hemos venido con una misión y esperamos Ud. no nos defraude, venimos a pedirle la mano de su hija la señorita Raquel, para casarla con nuestro hermano Viterbo, aquí presente. Esto dijeron,los hermanos Reynoso y esperaron pacientes la respuesta.
La reacción de mi padre, ya pasado de copas, fue tremendamente violenta y negativa, ya que, lo que menos había soñado era dejar algunos de sus hijos en la sierra, menos a su hija mayor. Tanto más que la estadía en Pallca, se iba haciendo problemática por la salud de mi madre que empezaba a desmejorar y que ya se vislumbraba un retorno muy pronto a Lunahuaná. Los Reynoso, humildemente se hicieron los dormidos y allí pernoctaron hasta el día siguiente, que con los ánimos más calmados reiniciaron el ataque hasta que consiguieron la anuencia de mi padre.
Este, tomó el asunto en serio y ordenó a mi madre, viajara a Lunahuaná con el fin de explicar a la hija el compromiso y trasladarla a Pallca. Los Reynoso, contentos con el resultado de sus gestiones, concertaron todo lo necesario para que en el menor tiempo posible se llevara a cabo el matrimonio. Demás esta decir que Raquel, obediente a la determinación de sus padres no puso objeciones y acató todo lo acordado con respeto y humildad. Costumbre de la época.
Año de 1921, centenario de la independencia; fue también el año del matrimonio. El cual fue todo un éxito. Un espectáculo, aún no presenciado en Huangáscar. Se casaba Viterbo Reynoso, de las principales familias del lugar y la señorita Raquel Yactayo, hija de don Fermín Yactayo, una persona muy querida y muy apreciada en toda la comarca.
La boda se realizó con mucha pompa, sumándose las costumbres de la costa y la sierra. Se trajo un cura desde Huancavelica, para el acto religioso, la novia de blanco con azahares y demás; el novio de frac, etc. no había automóviles así que todo fue a pie acompañados por todo el pueblo.
En cuanto, a lo bucólico, se llevo un cocinero especial de Lima, hubo bebida y comida para todos y a manos llenas…No recuerdo más porque con mi hermano mayor nos pusimos en la cantina a ayudar al encargado y por supuesto que hicimos el debut, nos echamos nuestros primeros traguitos ¡Salud!.
El nuevo matrimonio, se fue consolidando, comenzaron los primeros retoños; Rosita que murió muy tierna, luego vinieron los demás; Abelardo, Leandro, Graciela, Teresa, Hortensia y Dorita.
Nosotros fuimos consolidando nuestra permanencia en Lunahuaná y de las chacras de Pallca y Sukij se hicieron cargo mi hermana y su esposo.
Después de años de tanto bregar solo la enfermedad de mi madre pudo doblegar el deseo de seguir trabajando pero ya no era posible, y en buenas manos quedaba todo.

LA VIUDA

mitayito @ 00:17

En otra oportunidad, mi madre tuvo que hacer un viaje a la costa, para lo que se había puesto de acuerdo con varias personas a fin de viajar juntas, haciéndose compañía. Pasaban por Pacarán bastante avanzada la noche y mi madre se acordó que tenía que hacer una cobranza, por lo que tuvo que apartarse de los demás, los que seguirían caminando.
La cobranza se hizo, felizmente, por lo que de inmediato cabalgó con la intención de alcanzar a los demás viajeros. Hostigando al animal para que apurara el paso, salía ya del pueblo, cuando de pronto divisó a lo lejos una sombra negra,
Puede ser un árbol a la orilla del camino, pensó, apurando al animal para que caminara más rápido. A medida que avanzaba la sombra se perfilaba como un ser humano, hasta mostrarse ya como una mujer alta vestida de negro y un manto del mismo color que le cubría desde la cabeza hasta los pies, dejando descubierto solo un rostro sumamente blanco. Se cogió fuertemente de las riendas con una mano y con la otra azotaba a su cabalgadura para darle ánimo y caminara al trote, porque ya quería encabritarse. Por fin llegó el momento supremo, el encuentro frente a frente con la Viuda, pues eso era. Al cruzarse y para darse valor que ya le faltaba, saludó: ¡Buenas noches señora!. viudaLa fulana solo hizo un ruido como un murmullo y pasó… Nerviosa y para saber el fin, voltea a mirar a la mujer y con espanto tremendo ve que la tal, había dado vuelta y se venía siguiéndola.
Angustiada, ante esta situación, trató de acelerar para poder alcanzar a los demás. Habiéndolo conseguido, les narró lo sucedido y asombrada escuchó que los demás también la habían visto.
Después de mi madre, había quedado también, un a de las viajeras, montada a caballo y con montura, de hombre o montura de cajón, como de le conocía en esos tiempos. Efectivamente, cabalgó como hombre y echó a correr en pos del grupo, y se encuentra con la viudita. El caballo se le encabrita y no quiere seguir, parado en dos patas trata de echar a tierra a la señora, pero ella buena jinete logra dominarlo y pasa el peligro, sin mayor percance.
¿Que era la Viuda?. Es algo difícil de explicar con certeza, pero muy conocido en los pueblos y campesinado de la costa, el echo de que una mujer vestida de negro salía por temporadas y en determinados sitios. Esto naturalmente para el que tenía la mala suerte de verla constituía un tremendo sustazo. Según unos; mujeres con la conciencia sucia salían a hacer penitencia de sus culpas; según otras, almas en pena que no alcanzaban salvación y vagaban por el mundo. Felizmente ya no se escuchan la repetición de estos casos.
En los siguientes capítulos seguiremos la narración cronológica de los hechos que se relacionan con la biografía.

25/11/2006 GMT 1

El Encuentro de mis Padres

mitayito @ 23:43

Capitulo II

Don Fermín había contraído enlaces con una bella catahuasina, cuyo nombre no recuerdo, pero fatalmente al dar a luz su primera hijita (Rosa) murió en el parto dejándolo viudo.
Este, acostumbraba pasearse por los pueblos vecinos, como buen chalán cabalgando caballos de paso, enjaezados con brida de plata, hermosa montura con incrustaciones de metal y cubierta por hermoso pellón sampedrano. Cierto día que visitaba Pampas atrajo su mirada una señorita blanca, esbelta, fina, en una palabra: hermosa… era la maestra de la escuela.
Verla y enamorarse de ella fue una sola cosa. El negro se alocó, cortejo a la bella, se le prendió como un chicle, hasta que fue correspondido y de común acuerdo se selló este amor con la bendición de la iglesia.
Casados ya, se dirigieron a Lunahuaná donde mi padre tenía una pequeña parcela, herencia de sus padres. Allí se afincaron y vivieron varios años hasta que la familia comenzó a aumentar.
Lunahuaná es una quebrada muy angosta, flanqueada por contrafuertes de la Cordillera de Los Andes y regada por el río Cañete. Casi la totalidad de habitantes son pequeños propietarios, de tal manera que cuando la prole aumenta y crece formando nuevas parejas, tienen que ir pensando a donde emigrar ya que el espacio vital es solo para una de ellas.
Es así como hasta hace poco tiempo y desde épocas antiguas el punto de mira eran las haciendas cañetanas cuyos braceros eran oriundos de Lunahuaná, casi en un cien por ciento.
Por los motivos expuestos, el nuevo matrimonio se sentía incómodo y también buscaban un sitio donde poder respirar mejor. Salir…Salir pero a donde y cómo?. Con su compadre y amigo Daniel Sánchez acordaron viajar a alguna de las haciendas de Cañete. Pero las cosas no estaban escritas en este sentido… Pues en el momento menos pensado se presentó Don Germán Castro, cuñado de mi padre, esposo de la hermana mayor llamada María, ellos vivían en un paraje denominado Pallca, del distrito de Huangáscar, provincia de Yauyos. Había en ese lugar unos terrenos que habían sido desocupados y estaban vacantes por lo que el tío Germán creyó oportuno hacérselo saber a mi padre, quien al enterarse aceptó y sin más viajaron a Yauyos con el fin de ponerse de acuerdo con las autoridades encargadas de los mismos. Arreglado todo le asignaron los terrenos en calidad de arriendo y con la condición de ocuparlos de inmediato.
De regreso a Lunahuaná ya no hubo mucho que hacer sino ensillar acémilas y emprender el histórico viaje a Pallca, la tierra prometida. Ya la familia había aumentado con Raquel y Ananías de siete y dos años respectivamente, estamos en el año 1910.

EL PASAGUAY

mitayito @ 23:42

A raíz de la falta cometida al hacernos la vaca y cuyo desenlace ya hemos narrado, la semana la pasábamos en Huangáscar, en la casa de la señora Teófila como sus pensionistas. En esta forma atendíamos mejor nuestras clases, no llegamos tarde y ni podíamos caer en la tentación de repetir el plato. Viviamos felices dedicados a nuestros libros, hasta el día sábado que volvíamos a Pallca.
Sucedió, que cierto día me sentí mal de salud. La señora Teófila me proporcionó algunos medicamentos caseros con el fin de amortiguar el estado febril que me aquejaba. Mas como no sintiera ningún alivio sen preocuparon mucho y pensaron que mejor sería que me fuera a mi casa, y así me lo hicieron saber: “Guido, mejor es que vayas a Pallca antes de que tu mal empeore y se pongan las cosas más difíciles”.
Yo acepté de buena gana y acto seguido tomé algunas de mis pertenencias y salí con dirección a mi hogar. Caminaba despacio, ya que la fiebre me tenía debilitado.
Era el mes de Mayo, época en que se alejaban las lluvias y los cerros presentaban un aspecto por demás hermoso y alegre dado que todo es un inmenso jardín con miles de plantas en flor de infinidad de colores. En esta época también, salen las víboras, culebras, corralillos y tarántulas, por los caminos a pasearse y yo les tenía pánico tremendo.
tarantulaEstaba casi a medio camino, y entraba a una pampita, cuando diviso en el otro extremo un bultito negro que se venía a mi encuentro y acercándome más reconocí que era una tarántula a la que por esos lugares le llamábamos Paraguay. Con sus tremendas patas avanzaba retadora hacia mí; cuando me sintió muy cerca levantó las patas delanteras apoyándose en las posteriores se elevó todo lo que le dio sus extremidades. Se quedó mirándome con sus ojazos amenazadores. Al ver esto traté de pasar por un costado pero mi imaginación afiebrada me hizo ver correr a la tarántula a cerrarme el paso. Completamente asustado di marcha atrás y sacando fuerzas de flaqueza, corrí hacia Huangáscar a donde llegue exhausto y muerto de miedo.
Entré a la escuela y todos corrieron a ver que me había sucedido ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué te has regresado?... Les conté punto por punto y con todos los detalles lo sucedido y la respuesta fue una sonora carcajada de los maestros, alumnos y alumnas.
Más no recuerdo; pero sí, el susto que me dio el animalito me hizo olvidar de la fiebre y todo el malestar, no siendo necesario emprender de nuevo el viajecito. Esta anécdota la recordaba la familia Gamarra y siempre que la oportunidad se presentaba me hacían bromas con el Paraguay. Cuando después de ocho años, joven ya, volví a Huangáscar a visitar a mi hermana Raquel, con quien primero encontré, fue la señora Teófila cuya respuesta al contestar mi saludo fue si en Lima no me había encontrado con el Para

11/11/2006 GMT 1

PRÓLOGO

mitayito @ 23:48

Escribir una obra, por más sencilla que sea, ha sido, desde tiempos inmemorables, un reto mayor, por lo que debemos reconocer el esfuerzo, la dedicación, cariño y sacrificio que el ¨tayo¨ ha realizado para entregarnos a toda la familia el presente libro.

Memorias de  mi TayitoEn principio, un argumento fascinante: la autobiografía del autor, que rememora su infancia en los bellos paisajes de Lunahuaná y Huangáscar, con las limitaciones económicas y de educación de una familia provinciana.

Son 19 capítulos, cada uno con una anécdota diferente, sin relación cronológica entre sí, en que el Autor se recrea y no deja de sorprendernos en la forma como describe los acontecimientos desde el origen de su apellido, hasta la década del cincuenta, donde adquiere una vivienda e inicia un trabajo independiente para darle bienestar a su adorada familia.

Dicen que este tipo de libros al escribirse, las anécdotas vistas desde el presente tiene ya otro matiz. Yo creo que éste libro, el ¨tayo¨ hace una narración sincera, nos entrega el material más intimo posible, parte de su propia vida, capturando desde las primeras páginas el interés de sus lectores.

No puedo negar que ésta idea de escribir sus memorias va a dar que hablar a toda la familia y sus amigos, esperando con ansias que se anime a terminar su segundo libro, en el cual incluirá muchas otras anécdotas familiares de la última mitad del siglo pasado que valgan la pena rememorar o contar, así como otras tantas que se deben haber quedado en el tintero.

Manuel E. Cotera Yactayo

MIS ANCESTROS

mitayito @ 23:46

Empezaré haciendo un pequeño análisis sobre el origen de mi apellido paterno YACTAYO, una palabra quechua que significa pueblo (Llacta).

Por documentos en poder de unos parientes, que tuve oportunidad de leer y por otros que yo poseo, heredados de mi padre, aceptamos como nuestro antepasado más antiguo a Don JACOBO LLACTALLOC que vivió en el siglo 17. Sus descendientes: Marcos y Mateo Llactallo y por último: Manuel, Felipe y Fermín Yactayo, mi padre.

Como puede observarse, el apellido ha ido cambiando en su escritura y pronunciación de una generación a otra hasta quedar en lo que es hoy; YACTAYO. Y por que esos cambios….? Yo lo atribuyo a que desde la época de la conquista en la Quebrada, se dejó hablar, el quechua poco a poco y los futuros habitantes a partir de entonces comenzaron a pronunciar la Ll como si fuera Y, actualmente ningún costeño le da a la Ll el sonido verdadero como si lo hace el serrano.

Este apellido además es propio y por lo tanto originario de Lunahuaná que también tiene origen quechua como lo consigna el Inca Garcilaso, quien hace una explicación del significado y su composición.

Mis ancestros

Hasta aquí lo de mi padre, ahora pasaremos a ver el origen de mi madre, Balbina Torres Rojas. En este asunto las cosas cambian sustancialmente, ya que no existe documentación, sino la tradición, narrada en forma deficiente. Dejo constancia que el único pariente que conocí por parte de mi madre, fue un primo hermano suyo llamado Mariano Rojas, muerto en Lima en el año 1933, dejando un hijita que la conocí cuando tenía 5 años y que jamás volví a verla.

Cuentan que tres hermanas de apellido Rojas, ayacuchanas ellas, hacían viajes periódicos de su ciudad natal a Lima, pasando por Casinta un poblado de la provincia de Yauyos, en donde hacían escala y permanecían un tiempo determinado para hacer sus negocios. En Lima vivían en los Barrios Altos donde tenían un Restaurante. Los viajes los hacían turnándose de tal manera que una estuviera en Lima, la otra en Casinta y la tercera en Ayacucho. Estaba Rosa, una de las tres, estacionada en Casinta dedicada a la venta de productos que habían traído de su tierra, cuando de pronto apareció un fulano desconocido por esos lares, llamado Francisco Torres Lozada, oriundo de Cajamarca, ciudad de la cual había salido en forma forzada y violenta, motivado por líos de carácter político que lo llevaron hasta Casinta. Don Pancho conoció a Rosa, la enamoró y fue correspondido. Las cosas marchaban viento en popa, pero Rosita comenzó a engordar y Don Pancho se dio cuenta que la doña estaba encinta. Entonces el muy…… sin hacer ruido desapareció como por encanto.

Cuando Rosita reaccionó, el galan se había hecho humo. Recién se acordó del dicho popular que reza:”Dar posada al peregrino menos al cajamarquino”.

De la travesura de Don Francisco y Doña Rosa nació Balbina un 30 de Marzo de 1880, en pleno desarrollo de la guerra con Chile.

Y como dice la canción “y el mundo sigue andando”, nacida la niña, la mamá enrumbó a Lima, allí vivió hasta los 20 años en que regresó a Pampas como maestra de Escuela Fiscal que funcionaba en ese lugar.

INTRODUCCION

mitayito @ 23:43

Después de preparar algunas anécdotas familiares, sin relación cronológica entre sí, creí conveniente compaginarlas dentro del texto de una autobiografía que por muchos motivos me pareció correcto caberlo.
Será el recuerdo que dejo a Uds. Mis queridos hijos, nietos y bisnietos: Ana y Edgar, sus hijos: Ivan, sus hijos Mauricio y Daniela, Yanka y su esposa Gisela, sus hijas Jimena y Claudia, Yuri y su esposa Paola, su hijo Juan José, Katiuska y su esposo Carlos, Tatiana y su hijo Rodrigo; Gloria y Javier, sus hijos Elizabeth, Susana y Javier; Guido Alberto y Gladys, sus hijos: Andrés y Lorena; Alejandrina y Alex sus hijos José, Paul, Angela, sus hijos Rául y Angela; Elsa y Manuel, sus hijos: Manuel y Erik; Miguel; César y Martha, sus hijos: Yaker y Arón; María y Rolando, sus hijos: Rolando, Vaniushka, Manuel y Olenka; José y Cecilia, sus hijos: Kristian y Nathaly.
También sea motivo para rendir filial recuerdo a mis padres que tanto se sacrificaron en busca de un porvenir mejor para los suyos, viviendo y trabajando en agrestes terrenos, azotados por temporales climáticos, lluvias, huaycos, etc. que no les dejaron cumplir plenamente con sus aspiraciones pero que si dejaron huellas imperecederas para que sirvieran de faro alentador a sus descendientes.
He cumplido ochenta y nueve años de vida, de una vida llena de tantos episodios, unos positivos y otros quizás negativos, pero que luchando día a día con Alejandrina mi esposa, tras grandes sacrificios, salimos airosos y por fin a esta edad miro con orgullo el camino recorrido y satisfecho espero que Dios tenga determinado lo mejor, ya que El guió mis pasos.

26/10/2006 GMT 1

Suerte de gato

mitayito @ 23:32

Gato con suerteLa empresaria Paulina Angulo Machuca (57), que el último martes fue asesinada en la ciudad de Iquitos, (ciudad oriental del Perú), habría dejado firmado un testamento en una notaria de esa ciudad, en el cual figura como único heredero su querido gato; quien sería beneficiado con la suma de 80,000 nuevos soles.
Hasta el momento se ha detenido al homicida Edwin Catashunga Machoa quien ha declarado, que la asesino, al ser sorprendido por la víctima cuando pretendia robar en su vivienda; sin embargo la Policía continua con las investigaciones, ya que considera que el robo no ha sido el motivo, en vista que en los cajones de un mueble, encontraron cerca de dos mil soles que el asesino no se había llevado. Además existen versiones que la victima Paulina habría adquirido una póliza de seguros por 500 mil soles, cuyo beneficiario se desconoce.


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